domingo, 21 de marzo de 2021

El cante de Antonio El Camacho. Unos tangos muy viajeros.

                                                                                                         A la memoria de Paco Cañada.
Como vimos en la entrada anterior podríamos establecer que Antonio Camacho fue un cantaor cuyo profesionalismo se circunscribió casi exclusivamente a su Granada natal. A tenor de los datos recabados se puede colegir que fue un cantaor tardo-clasicista por el repertorio que estilaba y poco permeable a las nuevas corrientes y sensibilidades impuestas con la Ópera Flamenca a partir de 1923.
Sin duda si hubiera optado por un profesionalismo más decidido habría tenido que sucumbir a la moda del fandango; palo del que, como a continuación veremos, no gustaba, siendo su repertorio más apreciado por minorías. No obstante, aparte de reuniones de cabales, su cante es requerido cuando, siguiendo la inercia impuesta en su ciudad desde la primavera de 1922 con el famoso Concurso de Cante Jondo ilustra algún que otro evento o se le solicita como contrapunto a la zambra festera junto a otros pocos cantaores de parecido corte.
 
Hemos de situarnos cuatro años después de una de las últimas comparecencias públicas noticiadas de Antonio Camacho: la que tuvo lugar a finales del mes de junio de 1931 en la que cantó a beneficio de los parados de Granada.
El catedrático hispanista en la universidad de Dublín, Walter Fitzwilliam Starkie (1894-1976), en su relato de viajes por España, realizados en 1935 y narrados en su extenso libro “Don Gitano” o las “Aventuras de un irlandés con su violín en Marruecos, Andalucía y la Mancha”, habla de nuestro cantaor en el capítulo XIX de estos escritos dedicado a Granada y titulado: “La Alhambra”.
 
Portada del libro de Walter Starkie.
 
En dicha sección narra una fiesta, en la taberna del Polinario –que él apunta con el nombre “de Poliganga”, en la que Camacho constituyó lo esencial. Starkie fue llevado por su anfitrión, el aficionado Mariano Peña, guía turístico al que conoció por mediación del banquero don José Rodríguez Acosta, familiar del pintor granadino así apellidado y amigo a su vez de Ignacio Zuloaga. El irlandés lo describe así: “Mariano era amigo de los mejores ‘cantaores’ y guitarristas de Granada”, y como “amigo y cofrade de los gitanos del Sacro Monte”, formándose la reunión a instancias de éste:
 
-Baje ya a la tierra, ‘quiribó’. No esté siempre mirando a las estrellas. Tenemos que irnos; el palacio cierra a la hora de la siesta. Ahora recuerde que a las seis tenemos que vernos. Tenemos toda la tarde y ya he mandando preparar el conejo y vino en la taberna de Poliganga, donde irá mi amigo Rodríguez Camacho, uno de los mejores ‘cantaores’ de Granada.”.

Imagen del hispanista y viajero irlandés Walter Starkie
en su viaje por España portando su violín.
 
Y describe la fiesta que titula “Una noche de cante jondo” en los siguientes términos:
 
...llegamos a la taberna y casa de comidas de “Poliganga”, sitio de reunión de artistas, ‘cantaores’ y guitarristas desde que el viejo y fornido Antonio Barrios lo hizo famoso con sus ‘tertulias’. Se nos había reservado una habitación al fondo. Allí encontramos a Camacho. 
–Vamos, muchachos –gritó Mariano-, esta va a ser una gran noche, una noche de música y manzanilla. Dos grandes músicos juntos. Permitidme que presente a Antonio Camacho, llamado por los inteligentes “Er Niño de Graná”, y aquí “Un irlandés”, que se llama a sí mismo don Gualterio. Don José Rodríguez Acosta me ha encargado que le presente también a todos los ‘cantaores’. Por eso le he llamado a usted, Camacho, el ‘cantaor’ más grande de Granada, uno de los verdaderos discípulos del decano del Cante jondo, Fernando de Triana.
–Sí, Fernando de Triana fué mi maestro. ¡Pronto, tráeme café! –dijo Camacho a un mozo que esperaba órdenes detrás de él.
Camacho tendría alrededor de cuarenta y cinco años. Era un hombre rechoncho, cargado de espaldas, de rostro pálido y ceñudo, pelo negro con manchas de calvicie y negros ojos de gitano. Todos tomamos café, pues Camacho, que estaba en plan grosero, dijo que no quería beber vino. Luego se suavizó un poco y pidió cerveza.
Después de varias rondas de cerveza convinimos en que la cerveza hinchaba mucho y pasamos al vino. El guiso de conejo resultó excelente. En cuanto se levantó el mantel comenzaron seriamente los negocios de la tarde. Mariano Peña era tan alegre, como un sevillano; se mostraba jocundo, contaba cuentos verdes, gesticulaba cantando ‘coplas’ y diciendo chocarrerías en ‘caló’. Al principio fué el alma de la reunión, porque Camacho no salía de su mutismo y malhumor. Por mi parte me sentía algo inquieto porque a medida que subía el tono del festejo “¿qué costará todo esto?” me preguntaba. (...).
Don José Rodríguez Acosta me había cambiado mi cheque por tres libras, pero la francachela podía costar seis o siete con el reservado, el conejo guisado, los langostinos, el queso, la cerveza y las botellas de vino. Y si Camacho cantaba habría que hacerle un obsequio al final de la velada como es de rigor, pues claro está que ningún ‘cantaor’ iba a cantar gratis ‘pour mes beaux yeux’. (...).
Mariano no cesaba de incitarnos a beber diciendo que todo ‘cantaor’ que se respete no debe cantar sin tener un ‘cañero’ al lado. Apenas dijo esto Poliganga corrió a traer el ‘cañero’ –un soporte de metal con agujeros donde se colocan las cañas de manzanilla. A cada ronda Camacho se iba recobrando.
–Trabájele con vino, ‘quiribó’ –me susurraba Mariano- y en cuanto se ponga a modo cantará sin dejarlo.
 
El cantaor y tocaor Antonio Barrios Tamayo ‘El Polinario’,
dibujo de Santiago Rusiñol
 
Camacho de pronto se puso a carraspear y escupir; con voz enronquecida tanteaba su cante y desgranaba algunas notas. Se bebía de un trago caña tras caña y mientras, volvía a tantear su voz. Era como esos canarios que ensayan tímidamente antes de desbordarse en un surtidor de trinos. Pálido y sudoroso, con las venas de la frente hinchadas, sombrío, entornaba los ojos adormecido.
Antes de empezar a cantar se desanudó la corbata y se desabrochó el cuello de la camisa; en seguida lanzó un largo gemido: ¡ay, ay!...; que rompiéndose apenas comenzado dió lugar a los ritmos siempre en aumento, de la ‘siguiriya gitana’:
“La camisa en un año
no me voy a poner,
hasta no verme junto
con mi compañera”.
 
En cuanto oí la ‘siguiriya’ comprendí que nos hallábamos en el corazón del ‘Cante Jondo’. (...).
Las ‘siguiriyas’ de Camacho me recordaban muchas otras, llenas de dolor (...).
Mientras Camacho canta ‘siguiriyas’, Mariano y Nicolás Sánchez baten palmas y Camacho golpea con los nudillos sobre la mesa. Detrás de él aguarda un mozo de chaqueta blanca pendiente de su rostro, pues en cuanto Camacho hace el menor gesto de fatiga acude solícito con un frasco de manzanilla que el ‘cantaor’ bebe de un trago entre copla y copla.
Nuestro auditorio había aumentado con ocho o nueve personas más y la habitación estaba llena de humo. Camacho seguía cantando completamente abstraído de cuanto le rodeaba.
De las ‘siguiriyas’ pasó a los ‘polos’. He aquí uno que apunté en mi carnet:
 
“Todos le piden a Dios
la salud y la libertad,
y yo le pido la muerte
y no me la quiere mandar”.
 
El ‘polo’ como la ‘caña’ es una forma primitiva de lo más tradicional de la raza gitana. Camacho lo cantaba de una manera bravía y sin adornos.
–Cántenos un ‘martinete’, Antonio –dijo Mariano marcando un ritmo con el bastón en el suelo. Entonces Camacho entonó con una voz dura y metálica la siguiente copla gitana:
“Unos decían que mueran,
Otros anaqueraban por qué.
Qué dañito habrán cometío
Los pobres de los calés”.
 
El martinete me suena más a gitano que ninguna otra forma del cante andaluz. Camacho no era gitano, pero tenía mucho de ellos, y en su manera de cantar se notaba el estilo de la raza. (...). Sus temas más frecuentes son los que tratan de aventuras y tipos raciales (...). Otras veces narran detalles de la vida gitanesca en una copla que cantaba Camacho, en la que un gitano preso habla con la gitanilla que está fuera, al pié de su calabozo:
 
“Ven acá, prima Rosario,
Toma este poco jabón,
Y en los caños de Carmona
Lávame este camisón”.
 
En los ‘martinetes’ vibra también un grito de protesta contra la injusticia social. (...).
La mirada de Camacho era provocativa cuando cantaba sus ‘siguiriyas’. Atacaba de pronto un agudo que venía a caer entre alientos entrecortados en un sinnúmero de arabescos; se batían palmas y una tempestad de ‘olés’ arrastraba una voz que parecía no llegar a extinguirse nunca.
Después de las ‘siguiriyas’, ‘polos’ y ‘martinetes’, Camacho cantó ‘soleares’, un tipo de canción elegíaco que carece de la fuerza pasional del ‘martinete’. Las ‘soleares’ son la canción más plástica de todo el ‘Cante Jondo’. (...) son el cantar preferido por la gente del pueblo, porque es más fácil y espontáneo y refleja bien los estados de alma.
Camacho se había puesto ronco. Los vapores de la manzanilla le hicieron perder su aplomo. Había llegado el momento de que cantasen otros.
–Cántanos un ‘fandanguillo’, chico –dijo Mariano, dirigiéndose a un joven pálido y greñudo que estaba en un rincón.
–Los fandanguillos ‘no moleran chichi’ (no valen nada) –afirmó Camacho en tono despectivo-. A los jóvenes de hoy no les gusta la bravura del ‘martinete’. Son unos ‘afeminaos’ que prefieren esa moda cursi del ‘fandanguillo’. A mí dadme un ‘fandango’ como los de Juan Breva o la ‘malagueña’ como la cantaba Chacón; tenía una voz de miel y un corazón de león. Escuchad este fandango de Juan Breva:
“Un séntimo le di a un probe
y me bendijo a mi mare.
¡Qué limosna tan chiquita
pa recompensa tan grande!”.
 
Nos pusimos alegres, y ni Mariano ni Camacho mostraban el menor cansancio. La resistencia física de este último me maravillaba porque había cantado con toda la fuerza de sus pulmones durante más de tres horas en la taberna llena de humo. Ya eran las siete cuando nos decidimos a ir a otra taberna”.
 
Antonio Rodríguez Camacho.
 
Cumplido este objetivo y tras haber escuchado saetas a un aficionado al que llaman “Francisco Borrachera”, Starkie y Mariano Peña vuelven al encuentro de Camacho:
 
... Mariano me musitó al oído que Camacho estaría impaciente esperándonos en la taberna para ir a un restorán de Granada llamado “El 32”, donde se reuniría con su guitarrista el “Morao”, un gitano del Sacro Monte. Yo los seguí de mala gana porque estaba cansado y deseaba ir a mi ‘posada’ y meterme en la cama, pero temí ser despreciado por Camacho, que ya se había metido contra los gallegos diciendo que eran unos ‘mangones’ (cara-dura) y los había descrito de tal manera que sus palabras sonaron en mi oído como una grosera calumnia:
 
“Los gallegos en vez de gastar un duro,
se lo ponen debajo del pié –se
lo menean- y se encuentran con
el duro otra vez”. (...).
 
Con objeto de sostener el prestigio de esa rama celta que somos los irlandeses y que tiene fama de manirrota, me fui con Mariano y Camacho a “El 32” a gastar todo lo que me quedaba de dinero.”.
 
Vuelve a evocar posteriormente a este cantaor el capítulo XXII, titulado: “Las casas-cuevas de los gitanos”, durante su paso por Guadix, al escuchar el cante de Juan Heredia:
 
En una cueva grande vimos una fragua. Un gitano batía el metal en el yunque cantando un ‘martinete’ mientras trabajaba. El golpe del martillo sobre el yunque resonaba por toda la montaña y trajo a mi memoria las canciones de Antonio Camacho”.[1]
 
Este aluvión de datos recogidos por Starkie definen tanto la personalidad como la escuela cantaora de Antonio Camacho. Según lo narrado él mismo se consideraba discípulo de Fernando el de Triana, y seguidor de Chacón y Juan Breva aunque por el sesgo de sus cantes también vemos que en las seguiriyas seguía a Manuel Torre. Igualmente tenía una muy buena escuela de martinetes que pudo aprender tanto del referido cantaor trianero como de algunos viejos gitanos del Sacromonte.
Despreciaba el fandango moderno con la misma displicencia que el propio Chacón; eso sí, distinguiendo entre el “fandango grande” de Juan Breva –del cual además deja una genuina letra- y el ínfimo “fandanguillo” por carecer de jondura.
 
Fernando el de Triana, Manuel Torre y Juan Breva
tres referentes en el cante de Antonio El Camacho.
 
De las coplas que Camacho canta observamos que incluso en ese tiempo -1935- el propio cantaor denomina como “polo” una soleá atribuida a Enrique Ortega que apunta con la conocida letra: “Todos le piden a Dios / la salud y la libertad...”. El rango asociado a tal cante no es para nada erróneo pues sabemos que dicho estilo de corte rondeño solía antiguamente denominarse como “medio polo”. No viene sino a consignar la teoría que siempre he defendido de la evolución que sufrieron un grupo de estos arcaicos cantes al recortar algunos tramos melódicos sostenidos y suprimir, tras los versos pares, los obligados apéndices tonales quizá adaptados del estribillo del viejo zorongo gitano. Con ello se instaura un sistema generador de nuevos cantes que darán inicialmente estilos mixtos e inconclusos –“policañas” y “medios polos”- a partir de los cuales derivarán las primeras y más antiguas soleares de cuatro versos también llamadas por ello “apolás”.
 
Con respecto a los martinetes la letra: “Unos decían que mueran, / Otros anaqueraban por qué / Qué dañito habrán cometío / Los pobres de los calés”, se puede entender como claro colofón de otra copla inicial, ya que antiguamente se cantaban engarzadas o concatenadas varias tonás a modo de romance corto. La copla precedente a ésta que cantó Camacho bien podría ser aquel otro martinete-carcelera que dejó grabado El Tenazas de Morón:
 Me sacan de la cárcel
me llevan por las murallas
hombres, niños y mujeres
de sentimiento lloraban”.
 
La otra letra en este son que estiló Camacho –“Ven acá, prima Rosario / toma este poco jabón, / y en los caños de Carmona / lávame este camisón”-, es muy antigua y a ella alude Pepe de La Matrona como propia de polos. Este cantaor sevillano acompañado por Manolo de Huelva, también la incluye entre las grabaciones por soleares realizadas para Marius de Zayas y Virginia Randolph Harrison hacia 1966. La interpreta como soleá de tres versos en el segundo estilo de Joaquín el de La Paula de la siguiente forma:
Un cartucho de jabón
y en los caños de Carmona
me lavas el camisón”.
 
Frente a Starkie resulta paradójico que Eduardo Molina Fajardo, tan versado en el flamenco de Granada, sea tan parco al tratar a este cantaor. Sin duda lo conoció poco o tan sólo de oídas a tenor de que ni siquiera acierta su nombre correctamente, definiéndolo como: “Antonio Martínez, el «Camacho», buen cantaor de malagueñas y granaínas”, si bien señala algunos otros datos sobre su personalidad cantaora y otros maestros de los que aprendió:
 
Antonio Martínez Camacho era corredor de fincas, luego se marchó a América y desde Brasil llegó un disco suyo con cantos a estilo de «La Niña de los Peines». De regreso a su tierra fue camarero en el «Último Ventorrillo» y cantaba con voz grande, terrible, granaínas y malagueñas, preferentemente estas últimas con el estilo de «Enrique el Mellizo»:
 
‘Como moro soy más moro,
como cristiano, más cristiano,
como bueno soy más bueno,
y como malo, ¡soy más malo que el veneno!’
 
Y también soleares siguiendo la manera del «Portugués»:
 
‘Tengo un pocito en mi casa
que su manantial tenía,
que a la par que crece el agua
crecen las duquelas mías.
Tengo un pocito en mi casa
que su manantial tenía’.”.[2]
 
Así pues fue también seguidor de Antonio Silva Estrada ‘El Portugués’ (1851-1920) [3] como otros cantaores coetáneos suyos caso de Manuel Celestino Cobos ‘Cobitos’ (1896-1986) que legó varios cantes de este singular soleaero. Por el modo en que apunta la letra, repitiendo los dos primeros versos tiende a los polos por tratarse de una soleá antigua y como sabemos “apolá”. Por su parte José Luis Navarro García le distingue entre los que tuvieron “Fama de grandes soleaeros”.[4]
De otro lado la aludida copla por soleá no es de las más conocidas lo que quizá redunde en su antigüedad. En pizarra únicamente la registró en 1947 el cantaor trianero José Bermúdez Vega ‘Pepe El Culata’ (1911-1978) acompañado del Niño Ricardo, con la que acomete la soleá de inicio de Joaquín el de La Paula (Columbia A‑5.132; C 7.803‑2).
 
Afortunadamente disponemos de cuatro grabaciones que nos muestran el metal de su voz aunque, tras los datos recabados y las opiniones de quienes le conocieron y degustaron su cante, los registros de los que disponemos quizá tan sólo lleguen a apuntar tangencialmente la dimensión cantaora de Camacho.
El investigador madrileño Carlos Martín Ballester ya trató someramente estas grabaciones en su blog hace algo más de ocho años y a su autorizada opinión me remito en cuanto a la datación de las placas de este cantaor registradas en Argentina en el año 1913 para la casa Columbia.[5]
El resto de datos sobre estos discos y el análisis de los cantes impresionados en ellos por Antonio Camacho es lo que trataremos humildemente de completar en los siguientes párrafos:
 
 
Peteneras
 
El Camacho grabó una serie con dos cantes por peteneras (Regal C-2882; 57.405).
Aunque no aparece en los créditos es posible que el tocaor que acompañe tanto en este como en otros registros sea Julio Ballesteros que sí se consigna en grabaciones de la filial Columbia.
Como bien señala Eduardo Molina Fajardo sigue a La Niña de los Peines aunque habría que matizar que es una versión más cercana a Medina El Viejo con curiosos matices de Manuel Torre sobre todo en la forma de colocar en carrerilla un tercer verso elongado por la profusión de palabras que le da más énfasis. También existen matices personales como la repetición de los dos versos finales del segundo cante de esta serie. He aquí las coplas:
 
Niños que en cuero y descalzos
Niños que descalzo y en cueros...
Niños que en cuero y descalzos
vais llorando por la calle
por qué no venís a llorar conmigo
¡Mare de mi corazón!
Anda, vení a llorar conmigo;
yo tampoco tengo mare
yo tampoco mare tengo
que la perdí cuando niño
 
Yo no creía ni en mi madre
que yo no creo ni en mi madre...
Yo no creo ni en mi madre
aunque de mí hable la gente
porque yo lo que estoy viendo en este mundo es mentira
¡Mare de mi corazón!
to en este mundo es mentira
no hay más verdá que la muerte      (bis)
no hay quien me lo contradiga __} (bis)
 
Fotografía de Carlos Martín Ballester tomada de su blog;
Galleta del disco de su colección que contiene la aludida grabación de peteneras de El Camacho.
 
 
Garrotines
 
Antonio Camacho dejó registrado una serie por garrotín (Regal C-2.882) que responde al auge que en su época tenía esta línea de cantes. A partir de la tercera copla aparece el novedoso juguetillo del “borriquito” muy rítmico, sonoro y de concepción tan aparentemente sencilla que pudiera asimilarse a la melodía de una cancioncilla infantil. Tras éste aparece un estilo de garrotín que, a pesar de seguir la línea de estos aires es una variante nueva, quizá debida al propio Camacho la cual retomaría José Menese medio siglo después, hacia 1970, entre otras, con las siguientes letras:
 
Es que aquí no sirve nadie / siempre mandan los extraños / no mira un aperaó / por la tierra como el amo
y
Qué hermosa es la libertá / y algunas veces cavilo / que siendo cosa tan grande / esté pendiente de un hilo”.
 
Termina con el juguetillo propio del garrotín que popularizara El Garrido de Jerez y con una copla similar. Estas son las letras aproximadas de estos cantes. (En rojo expongo las frases no resueltas):
 
Yo soy como el vagomundo
yo soy como el arca nueva
que en echándole achares
nadie sabe lo que encierra.
Que y’al garrotín que y’al garrotán
 
El palacio de la reina
viste de negro lutito
porque se ha muerto la infanta
su nombre en la caja escrito
Que con el garrotín que con el garrotán
de la vera, vera, vera; vera va
 
Si yo lo hubiera sabío
lo falso que era tus beso
yo no me hubiera metío
y en callejón tan estrecho
Que con el garrotín y con el garrotán
de la vera, vera, vera; vera va
 
Con mi burriquito
y con mi serón
por los caminitos
por la mantención
Con mi burriquito, mi atalaje
y mi serón
Ay, garrotín; ay garrotán
de la vera, vera, vera, vera va
 
Yo me voy por la montaña
en busca de caracoles
ten conformiá, chiquilla
vente cormigo y los comes
Que con el garrotín y con el garrotán
de la vera, vera, vera; vera va
 
No me tires indirés;
No me tires indirés
mira que soy arquitecto
y tiro por la línea res
Y al garrotín y al garrotán
de la vera, vera, vera; vera va.
 
 
Tientos y marianas
 
Ambos aires los grabó en una serie (Regal C-2.885).
Se compone de un discurso expositivo que inicia con aires de marianas aunque sin introducir el onomatopéyico “Tro lo rón...” en un arranque que recuerda mucho a las versiones que de estos cantes grabaran en 1908 tanto El Garrido de Jerez: “Marecita de mi alma...” (Zonophone X-5-52.329) como Sebastián El Pena: “Cuando querrá Dios del Cielo...” (Zonophón X-52.311). Como se ve, este primer cuerpo concluye en una melodía (“Lerele...”) poco común aunque propia de encuadre a las marianas.
Le sigue otro estilo muy novedoso, posiblemente muy personalizado, que tiene una filiación musical más convergente a las marianas que a los tientos aunque presenta ingredientes de ambos.
A partir de aquí entran de lleno los tangos lentos o tientos iniciando con un estilo del que Fernando El Herrero fue uno de sus máximos divulgadores grabándolo en 1910 con estas letras: “Que bien doblan las campanas; ¡doblen!..” (Zonophone 552.171), y “Yo te comparo con el limón...” (Zonophone 552.172).
Sigue con un cante por tangos, quizá jerezano (“Que yo con mi sentimiento...”) que encuadra en el arranque en los aires de Frijones y posee un difícil encabalgamiento. Tras éste un cante de transición –de tiento a tango- que se resuelve con un complicadísimo trabalenguas y un cante final de parecido esquema: lento al principio y cada vez más rápido en su resolución. He aquí las coplas:

 

Virgen de las Carmelitas...
Barrio de las Carmelitas
donde venimos los serranos
pa enseñarlo a las señoritas
por la mañana temprano
Lerele, lerele; lereleré
 
Se llevaron
a la mía morena
qué dolor de mi amor, cariño
que eso es como si le quitaran
a San Antonio su Niño
Tientos y tangos
Yo a ti comparo con la propia canela
regüelta con el jazmín;
asín te huele tu cuerpo
cuando te acercas a mí }___   (bis)
 
Que yo con mi sentimiento
me gusta hablar contigo
tú conmigo no te niegues
en esta vía por orgullo
 
La Virgen lavaba
antes del día
que un bulón
muy puli, puli, pulún
chirriquirri quitrín
de agua le caía }_____ (bis)
 
Que la hora ha llegao
a mi cuerpo, ¡fatigas tengo!
porque los borriqueños chiquitos
porque la vaquita se estaba muriendo;
Porque la cabra tira a la montaña
porque la vaquita se estaba muriendo.
 
 
Tanguillos. Unos cantes muy viajeros
 
Con el nombre de “Chufla gitana” (Regal C-3.845; 57.404), grabó El Camacho el siguiente tanguillo, acompañado de la guitarra de Julio Ballesteros:

 

(He) Pasaíto por la Plaza Nueva         (bis)
una pícara vaquilla a mi agarró;
capote le daba a la vaca           (bis)
el capote le daba a la vaca
el capote la vaca me la tiró
Chupende María la O
A Chupende
Gaché de la California
¡primita mía!
ni Dios lo entiende.
 
Marido que a su mujer
pretende tener segura
la amarre con un cordé
como se amarran las burras
 
Y estas mujeres
(pa) quien no las entienda
es menester tenerlas cortitas
por si toman la rienda.
El que quieras ser casao
tiene que llevar la cruz
tiene que pasar fatigas
como las pasó Jesús
 
Allá en la torre
y allí se asomaba
en la ventana la niña
que un marinero odiaba
 
Que se venga al trote              (bis)
que se tire al pilón
pa que se moje el bigote
Ay, Cotón, rigodón
que le tira los trapos
de ciegos y mancos.

Como se observa en la galleta de un disco de esta grabación de Columbia se exponen las iniciales del cantaor “A. R. Camacho” y su nombre artístico “Niño Granada”.
Fotografía tomada del blog de Carlos Martín Ballester de la galleta de esta placa de su colección.
 
La mayor parte de este discurso expositivo, hasta los versos que componen el cuerpo (“El que quieras ser casao / tiene que llevar la cruz...”), es con leves variantes el mismo de El Garrido de Jerez (1868-1920), el cual registró en 1908. Al abordar la figura de este importante cantaor en otro capítulo de este blog exponíamos que, actualmente por su acentuación, color musical, tonalidad y aligeramiento rítmico debían ser considerados como tanguillos.
Esta confluencia entre ambos cantaores ya fue bien apuntada por Carlos Martín Ballester en su blog reseñado para éste y otros cantes del repertorio de El Camacho, caso de la malagueña de Enrique El Mellizo que se sabe grabó con idéntica copla que dicho estilo registrado por El Garrido: “Como moro soy más moro...”.
Añadiremos nosotros que, sin descartar un aprendizaje de Antonio Rodríguez Camacho directamente de Manuel Fernández Sánchez, es más plausible una asimilación indirecta tanto de estos tanguillos como de otros estilos a través de cantaores granadinos más viejos pues, como ya indicamos, El Garrido se prodigó en actuaciones por Granada y su provincia durante el año 1897.
El hecho cierto es que ambos en sus respectivas placas lo rotulan de manera parecida: mientras El Garrido lo consigna como “Tango Chufla”, Camacho lo presenta como “Chufla Gitana”.
Posible fotografía de Manuel Fernández Sánchez ‘El Garrido de Jerez’.
 
Una graciosa anécdota sobre estos tangos es narrada por el cantaor Rafael Pareja en el capítulo XV de sus “Recuerdos y confesiones” al abordar “Unas cuantas anécdotas” y haciendo alusión al epígrafe “Don Federico, el alemán y el cantaor Garrido”, situándonos a mediados de mayo de 1910 ó 1911 y poniendo de manifiesto que el estilo estaba asociado a su temática:
 
En Osuna (Sevilla) existía un Casino llamado “Los Trece”, y del que eran socios varios títulos y aristócratas de la rica ciudad, y presidente el gran aficionado, modelo de caballero, Marqués de Campoverde. (...).
Celebrábase la Feria y allí fui sólo en esta ocasión. Estando reunidos por la noche, como no había llevado acompañante, llamaron a un hermano de Cepero, muy buen tocaor, discípulo de Javier Molina, que estaba “haciendo la Feria” con un cantaor llamado Garrido. Como estábamos en plena fiesta, preguntaron por mí y al salir me encontré con mi buen amigo de Sevilla don Federico Pappus, alemán muy conocido, que estaba establecido en las Cuatro Esquinas, como jefe de una casa consignataria de varias Compañías alemanas de navegación. Mi amigo se había enterado que yo estaba en Osuna y como no se perdía fiestas ni festejos, allí se encaminó sin conocer a nadie y pronto olfateó mi paradero.
Con el permiso de los que me habían llevado, se agregó a la reunión, y cuando Garrido empezó a cantar, con muy buena voz, tangos y marianas, el alemán ponía mal gesto pues, buen catador del flamenco, le gustaba el cante grande. Garrido seguía, y luego de una letra cómica en que hablaba de una vaca que había desgarrado una capa y repetía estos vocablos, al hacerlo por Marianas, con el cuadro patético de que la protagonista tenga que subir la montaña con los defectos físicos que padece[6], don Federico no aguantó más y muy serio se levantó y acallando al cantaor dijo en su español pintoresco:
-Perdón, señores: yo no comprendo como pueda subir esa mujer siendo coja y manca. Garrido, toma cuarenta duros y compra “paga” y “sebá”[7]  para la vaca de la capa, y vete con ella al campo; y llévate también a esa mujer coja, y no vengas más hasta que yo te llame.
Esta verídica escena se rió y se comentó mucho tiempo en Osuna.”.[8]
 
Recordamos la grabación de El Garrido:
   

Paseandito por la calle Nueva
y una pícara vaca a mi agarró;
el capote le daba a la vaca
la capa la vaca me la desgarró
 
¡Al pumpúm, al de bayoné
dale fueguito al chimpopón
¡Chupende María la O!
¡A chupende!
Y desde de la Californ
han mandado un gringo
ni loco se entiende
 
Marido que a su mujer
la quiere tener segura
me la amarre con un cordel
como se amarran las burras
 
Y estas mujeres
quien no las entienda
es menester ya tenerle
cortita la rienda;
porque quiera ser casao
debe morir con la cruz
tiene pasar fatigas
como las pasó Jesús
 
Mira el cenete que tengo al lao:
hijo del Conde el Bacalao
que cuando come
¡Várgame Dios!
se le pone la panza
como un tambor
 
Se quedó chato
vais a sabé
de rodar la escalera
aceleradamente
ende entonces, ya es su nariz
la porra de un tejeringo
cuando está acabada de freír.
 
A pesar de presentarse El Garrido como mentor lógico de estos cantes vemos que sus grabaciones no son miméticas y sus diferencias pueden venir dadas por cambios interpretativos y adaptaciones de otros estilos perdidos. Ya es curioso como El Camacho cambia de inicio la jerezana “Calle Nueva” por la granadina “Plaza Nueva”.
El corpus inicial se mantiene en ambos cantaores divergiendo a partir de las referidas estrofas (“El que quieras ser casao / tiene que llevar la cruz...”) lo que concita a pensar en otros aportes afines a estos sones de tanguillos que quizá incorpore Camacho de otros elementos para concluir este discurso musical.
 
A continuación expongo la letra de unos tangos que también recoge las estrofas alusivas a la vaquilla brava aunque con otra cadencia. Los grabó Pepe de La Matrona con la guitarra de Manolo el Sevillano, para la colección particular del profesor Manuel García Matos el 18 de febrero de 1947. En ellos se puede apreciar cantes de sesgo trianero y otros, como los llamados “De la portillera”, del repertorio tanto de Rita La Cantaora como de Luisa La Cabrillera, por lo que pueden ubicarse en tierras de Jerez y Lebrija:
 
Trompezón que yo dí         (bis)
grande trompezón que dí
y a mí la gente me murmuró   (bis)
otros trompiezan y caen           (bis)
no los murmuraba yo
 
Serranita me publicate              (bis)
después que hiciste el yerro
serranita tú me publicaste
y en la faltriquera llevas
las ganancias que tú sacate.
 
Al pasar por la Calle Nueva
y una vaquita a mí m’agarró       __(bis)
por tirarle la capa a la vaca
la capa a la vaca me la desgarró
Y ese pañuelo que yo te di
con puntitas y con aramales [9]     _(bis)
como tiene las hebritas rotas
y el pajarito a tí te se sale
 
No sé como has tenido való
de echarte un marío nuevo
estando en el mundo yo.
 
María si vas al monte
cierra bien la portillera
que hay un torito bravo:
quiere entrar en tu pradera.
 
Ay, la vía
¡Dejarme buscar la vía!
que yo no le doy a naide
siquiera los güenos días.
 
Ráscame tú aquí
que me estaba picando
ráscame más pa allá
que me estaba gustando.
Tú no tienes ,
tú no tienes pelo
cuenta me he dao”.
 
El cantaor sevillano Pepe de La Matrona.
 
 
Los tanguillos de Vicente El Loro en Jaén.
 
El caso es que los tanguillos que nos ocupan y que grabaron tanto El Garrido de Jerez como Antonio El Camacho, viajaron desde Jerez de La Frontera a Sevilla y Granada, y también con lógicas matizaciones y modificaciones hasta la ciudad de Jaén a través de un cantaor llamado Vicente El Loro. Por una serie de vicisitudes este desconocido aventurero flamenco recaló con su familia en la capital del Santo Reino al parecer desde poco antes de iniciarse la Guerra Civil.
Según algunos testimonios aquél hombre aseguraba que procedía de tierras de Almería, si bien se pensaban que lo decía ocultando su verdadero lugar de origen que podría estar más bien en las antípodas andaluzas, esto es, en Cádiz. Ello obedecía, según se cree, a miedos exacerbados a desvelar su procedencia, infundados en posibles represalias por la situación de guerra.
 
Pero ¿Quién fue realmente este Vicente El Loro?
En un principio, y atendiendo a la declaración del propio personaje como natural de Almería, pensamos que quizá pudiese tener vínculos familiares con los Hermanos Loros, llamados Manuel y Juan Pino Cañadas cantaores almerienses que destacaron en malagueñas, fandangos y tarantas entre otros cantes.
 
Hemos recabado algunas noticias que quizá aludan a este personaje antes de su llegada a Jaén. Con tal nombre, mismo apodo y como cantaor lo encontramos en la década anterior actuando con asiduidad en Barcelona. La primera noticia encontrada en que se le anuncia data de finales de 1925:

La Vanguardia” de Barcelona;
domingo 6 de diciembre de 1925.
 
No es esta la única pues como a continuación se ve aparece principalmente actuando en los escenarios de la Ciudad Condal junto a cantaores como La Trinitaria, Diego El Africanito, Enrique García ‘Niño de Triana’, Gaspar González, Alfonso Aguilera ‘Niño de Málaga’, Niño del Albaicín, Manuel Porras ‘Niño de Lucena’, Niño de Constantina, Paco el Granaíno, Niño de La Rosa, Niño del Puerto, José Palanca, Juan Varea, José Alcaraz ‘El Murcianito’ y Niño de Madrid; bailaores como El Churri, La Sevillana, Manuela La Pirulli, Luya La Pompi Mayor, Faíco Chico, Micaela La Mendaña, La Pato, El Viruta, Manolillo La Rosa y las Hermanas Chicharras, y con tocaores como los jienenses José Revuelta o Pepe Hurtado, el almeriense Eduardo Salmerón o un entonces joven Paco Aguilera hijo de la bailaora malagueña La Camisona:

Actuaciones de Vicente El Loro en Barcelona según anuncios del diario “La Vanguardia”; de arriba abajo y de izquierda a derecha: ediciones del miércoles 4 y miércoles 11 de mayo de 1927, martes 4 de octubre de 1927 y viernes 20 de diciembre de 1929.
 
También el diario salmantino “El Adelanto” de la primavera de 1929, a través de B. Solsona lo cita entre una larga nómina de artistas flamencos residentes en la Ciudad Condal:
En torno a estos establecimientos vive un enjambre numeroso de “flamencos”, cuya enumeración pintoresca producirá una cierta sorpresa en los lectores que no conocen el ambiente en que se desarrolla la afición a la manzanilla, al cante jondo y al baile flamenco.
Hay en Barcelona, entre otros muchos, los siguientes “cantaores”: Angelillo y Guerrita, los dos “ases”; Pena Hijo, el Americano, el Sevillanito, el Chato de Valencia, Joselito de Cádiz, Fanegas, Ceperito II, Palanca de Marchena, Vicente el Loro (...).”.[10]
 
La última noticia de Vicente El Loro que hemos hallado se refiere a su actuación en una velada estival de cante flamenco y trovo en el Cine Goya de la barriada barcelonesa de San Adriá de Besós en 1930. Cantó y estiló algunas del coplas repentizadas por el más grande trovero de todos los tiempos: el murciano José María Marín Martínez (1865-1936). Anunciase nuestro personaje como “Vicente “El Loro”. Único que canta por Levante”; repertorio que dejaría entrever para él un origen más asociado a tierras de Almería:
 
Cartel del Cine Goya de San Adriá de Besós donde cantó Vicente El Loro.
(Recogido del libro de Ángel Roca: “El Trovo. (1865-2002)”; Cartagena (Murcia), 2003).
 
No obstante, y contraviniendo esta posibilidad, la opinión de nuestro añorado amigo Rafael Valera Espinosa afirmaba que Vicente El Loro era descendiente de los famosos Loros de Cádiz. Comentaba además que su existencia durante el tiempo que residió en Jaén fue deteriorándose hasta rayar la indigencia, viviendo de forma paupérrima, pues se sabe que habitaba en una cueva del Cerro de los Lirios.
 
Imagen retrospectiva de la ciudad de Jaén vista desde el Cerro de Santa Catalina.
 
Como veremos a continuación, entre su repertorio, Vicente El Loro cantaba unos tanguillos que eran en efecto una variante de los ya vistos de El Garrido de Jerez y Antonio El Camacho, siendo José Ruiz Pérez ‘Pepe Polluelas’ (1924-1990) el único que los conocía y cantaba, rescatándolos de un seguro olvido.
 
Por los antecedentes expuestos deducimos que Vicente El Loro bien pudo venir a Jaén desde Barcelona en una de esas flamencas “troupes” itinerantes que recorrían España y que frenaron súbitamente allí su recorrido por el estallido de la Guerra Civil. Otros muchos cantaores como José Palanca o Canalejas de Puerto Real entre los más conocidos, corrieron la misma suerte.
Según me contaba el gran aficionado y mejor amigo Francisco Cañada Cejudo ‘Paco Cañada’, para su sustento y el de los suyos, Vicente El Loro desgranaba su cante mal pagado por los señoritos que recalaban en las ventas a la salida de la ciudad, situadas en el margen izquierdo de la carretera de Córdoba, principalmente en “El Rancho” también llamado “El Pájaro Azul”, y en la Venta del Manco.
Pepe Polluelas que alternó muchas veces con él aprendió esos tanguillos ciertamente personales con desinencias gaditanas que ya entonces se conocían como "los del Tío de La Vaca", precisamente por mentar en sus letras la vaquilla brava.
El testimonio de este bohemio cantaor jienense nos acerca más a la figura y desventuras de Vicente El Loro, evocando los tiempos de la posguerra en las tabernas y ventas en Jaén. Así lo recordaba en 1983 el propio Polluelas al hablar de estos cantes:
Yo me acuerdo también de una anécdota muy bonita. Yo tenía un compañero mío de estos cantes que estás insinuando. Pues resulta que eran de un amigo mío que le llamaban Vicente El Loro. Era mu gracioso. Tenía ocho o nueve chaborrís, ¡Pobrecito allí, en una cueva! ¡Sí el Tío la Vaca!, sí; y llevaban ya los chiquillos dos días sin jalar, ¡fíjate tú, hombre! (...).
En las ventas se buscaban toós la vía. Tú te puedes hacer una idea ¡el pobrecito! ¡Hombre y a mí me daba mucha lachi; como yo que tenía también que mantener a mi Mama y a mi Papa...
Y entonces iba a buscarse la vida conmigo cantando a las tabernas y el Tío de la Vaca cuando se emborrachaba y nos veníamos para acá, en toos los charcos se metía. ¡Ya ves tú con la lluvia y por esas carreteras, pasando fatiguitas...
-¡Tío Vicente que se está usté metiendo en los charcos!
-¿Tan atajao parezco?”.[11]
 
El cantaor jienense Pepe Polluelas, único transmisor de los tanguillos de Vicente El Loro.
(Revista “Candil” nº 31 enero-febrero de 1984).
 
Para finalizar escucharemos estos tanguillos de Vicente El Loro cantados por el propio Pepe Polluelas y acompañado a la guitarra de Paco Aguilar. Tras una breve introducción inédita con respecto a las otras versiones, en ellos se observa una primera parte que entronca con las versiones tanto de El Garrido de Jerez como de El Camacho. La parte final, trabalenguada y chuflera, desarrollada en rima de palabras inventadas, se asimila en espíritu e intención a la parte final de la versión de El Camacho, más aún cuando aparece el nombre de “Cotón”. He aquí lo que posiblemente sea la letra de estos tanguillos:

 
Parece que está lloviendo
el cielo que se está nublando; _____  (bis)
esta agüíta que me está cayendo
mamaíta yo me estoy mojando          (bis)
 
(He) Pasaíto por la calle Nueva        (bis)
una pícara vaca y a mi agarró;
con el capote le daba a la vaca            (bis)
la pícara vaca me la desgarró
 
Ay, bim bam búm!
¡Qué bonito y el bim bam búm!
Chupende María la O
Ay Chupende
Viene de California y hablando
Y un gringo que entiende usté:
Marido que a su mujé
la quiera tener segura
que la amarre con un cordé
como se amarran las burras
 
Ay, y estas mujeres
no hay quien las entienda
porque es menester (tener)le
cortita las rienda.
Aquel que quiera ser casao
tiene que vivir con la crú
tiene pasar fatiguita
como las pasó Jesú
 
Que el Garabao
Que el Garabao
Que el Garabao, simplón.
De pripeque, de pripeque el brivón
es verdá, es verdún
de una jaula cayó un gorrión;
Es verdad que mucho papúa
pronto a piciado
del todo un badén:
La pata mu mal estrebre
que le dolía el selebro
y los calzones de esopo
que le apestaba el aliento.
Un arroz que se comía
porque le faltaba el pico
y en sus lamentos decía
-¡Malos sentimientos tienes!
¡Cotón!, ¡Cotón!
¡Por la gloria de Cotón!
Marcelina, Marcelina
sacará una sardina
capullo colorao,
ni bien, ni mal.
Prima lo que quería
que te cayera a tí el premio gordo
si mete a la lotería.
 
Es éste un solo ejemplo de tantos y tantos cantes viajeros que, de boca en boca de anónimos cantaores se desprendieron de algunos giros y asimilaron nuevos ingredientes melódicos manteniendo vivos esos cantes y reinventándolos a medida que transitaban por caminos sin nombre. ¡Que parcela tan grande es la de los cantes itinerantes! ¡Qué desconocida y difícil de abordar!
 
Rafael Chaves Arcos


[1] Starkie, Walter: “Don Gitano.(Edición facsímil de la 1ª edic. española (traducción de Antonio Espina), de ediciones Pal·Las; Barcelona, 1944); Ed. Biblioteca de Bolsillo. Excma. Diputación Provincial de Granada, 1985, páginas 235, 242, 243, 246 a 251, 253 a 255, 258 y 308.
 
[2] Molina Fajardo, Eduardo: “El Flamenco en Granada. Teoría de sus orígenes e historia”; Ed. Miguel Sánchez Editor. Granada, 1974; páginas 181 y 182.
 
[3] https://www.expoflamenco.com/clasicos-cante-jondo/antonio-silva-el-portugues-en-el-centenario-de-su-muerte
 
[4] Navarro García, José Luis: “Cantes y Bailes de Granada”; Ed. Arguval. Málaga; 1993, página 219.
 
[5] http://www.elarqueologomusical.es/2012/11/granada-y-sus-ninos-cantaores.html Se consigna erróneamente el nombre de este cantaor como “Antonio Martínez Camacho” al validar el dato ofrecido por Molina Fajardo.
 
[6] Se refiere a la parte de la mariana en que se dice: “Sube, Mariana, sube; / por aquella montañita arriba sube...”, y en otra donde se dice: “Como la pobrecita Mariana / era manquita y coja...”.
 
[7] Queriendo decir: paja y cebada.
 
[8] Rondón Rodríguez, Juan: “Recuerdos y confesiones del cantaor Rafael Pareja, de Triana”. Ediciones Flamenco; Córdoba 2001, páginas 121 y 122.
 
[9] Alamares.
 
[10] Página 9 del n.º 13.827 de “El Adelanto. Diario de Salamanca”; domingo 2 de junio de 1929.
 
[11] Testimonio recogido del documental de Eva Llácer y Francisco Armenteros: “Pepe “Polluelas” el último bohemio”; “Oh Vídeo. Área creativa”, año 2011.

 

viernes, 12 de marzo de 2021

Antonio El Camacho, un cantaor clásico

En esta ocasión nos ocuparemos de un cantaor poco conocido quien, a tenor de las noticias que expondremos a continuación, era de extenso repertorio y adscrito a una escuela de cante que podemos llamar clásica comparativamente al tiempo que le tocó vivir. Se trata de Antonio Rodríguez Camacho, también conocido como El Camacho o El Niño de Granada.

Fotografía inédita y hasta el momento única imagen conocida
 del cantaor granadino Antonio Rodríguez Camacho.
 
De Granada a Argentina.
 
Aunque no hemos conseguido hallar su partida de nacimiento podemos casi afirmar que este cantaor había nacido en Granada en el año 1891.
No obstante hemos encontrado partidas bautismales de varias personas apellidadas Rodríguez Camacho nacidos en Granada. Así obtuvimos los de Mariana (1889), José Tomás (1899) y Francisco Javier (1902), identidades que con mucha probabilidad corresponderían a hermanos del cantaor, en cuyo caso sus padres se llamaron Vicente Rodríguez Fernández y Carmen Camacho Moreno. Tales documentos también podrían acotar la zona donde presumiblemente pudo haber nacido nuestro protagonista: en el barrio de la Magdalena o en El Sagrario en pleno corazón de la ciudad.
 
La primera cita que a él hace referencia la ofrece una nota de sucesos del diario “Noticiero Granadino” informando de un accidente laboral que sufre nuestro aventurero finalizando el verano de 1908 cuando contaba 17 años de edad:
 
Hallándose ayer trabajando en la obra de una casa que posee en la calle de San Juan de Dios, don Manuel Fernández, se infirió una herida en la cabeza el obrero Antonio Rodríguez Camacho. Fué éste curado en el hospital. (...).”.[1]
 
Sabemos que nuestro cantaor entró en quintas en 1911 residiendo por entonces en la “Zona del Campillo” y obteniendo el “número 178 en el sorteo de mozos que tuvo lugar el domingo 12 de febrero de ese año.[2] No sabemos si El Camacho entró en quintas o se libró del servicio militar si bien podemos situarlo en esta década en consonancia con el dato ofrecido por Eduardo Molina Fajardo (1914-1979) –a pesar de errar en su primer apellido-, cuando expresa sobre el cantaor:
 
Antonio Martínez Camacho era corredor de fincas, luego se marchó a América y desde Brasil llegó un disco suyo con cantos a estilo de «La Niña de los Peines». De regreso a su tierra fue camarero en el «Último Ventorrillo»”.[3]
 
Esta cita coincide con la información que aporta Carlos Martín Ballester al abordar sendas grabaciones de este cantaor, estableciendo que fue en 1913, contando a la sazón 22 ó 23 años, cuando El Camacho registró en Buenos Aires al menos dos placas de pizarra para la casa Columbia.[4]

Plaza del Campillo hacia 1912. En este barrio y por esos años residía Antonio Camacho cuando entró en quintas para el ejército.
 
Tres años después, de nuevo en su patria chica, y ya en pleno ejercicio de su faceta como cantaor, su nombre sale nuevamente a relucir en un parte de sucesos locales a inicios de 1916. La prensa de Granada, que indica su estado civil y su nuevo domicilio en el barrio del Realejo e informa que Camacho fue víctima de dos navajazos por fortuna no graves:
 
Un herido.
Antonio Rodríguez Camacho, casado, de veinticinco años y domiciliado en la calle de Belén, número 6, fué curado anoche en la Casa de Socorro, de dos heridas incisas en la parte izquierda de la espalda, y de otra en el brazo del mismo lado. Según manifestó, se las había causado un desconocido con un arma blanca.
El hecho ocurrió en las «Conejeras».
El herido, que no hacía otras manifestaciones, ingresó en la sala de San Gabriel, del hospital de San Juan de Dios.”.[5]
 
 
Camacho, cantaor solidario
 
La siguiente noticia ya habla de su participación en una función benéfica a los ciegos de Granada que tuvo lugar en el Teatro de Isabel la Católica el sábado 27 de octubre de 1917. Como veremos Camacho siempre estuvo presto a participar con su cante en muchas causas solidarias. Para esta en concreto toda la prensa de la ciudad anunció el evento, consignando entre sus componentes al cantaor Paco el del Gas y una orquesta de pulso y púa integrada entre otros por el laudista José Molina Zúñiga y el que fuera magnífico bandurrista José Recuerda Rubio, que junto con el guitarrista Luis Sánchez formarían posteriormente el famosísimo “Trío Albéniz”:

El Defensor de Granada. Periódico independiente”del sábado 27 de octubre de 1917. También “Gaceta del Sur. Diario católico de información” de ese mismo día. A la derecha Paco el del Gas, otro de los cantaores junto a Camacho en ese día.
 
El “Noticiero Granadino”, al día siguiente expresaba que:
 
Todos los intérpretes cosecharon abundantes aplausos por su labor, viéndose el teatro completamente lleno de público. La comisión organizadora da las gracias a cuantas personas facilitaron sus humanitarias gestiones.”.[6]
 
No hemos encontrado noticias de su quehacer artístico hasta casi seis años después sin que sepamos a ciencia cierta el motivo de esta ausencia. No obstante a pesar de este silencio, es de suponer cantaría esporádicamente en fiestas privadas o las que con asiduidad se daban en el “Último Ventorrillo”, establecimiento de comidas situado en el camino de Huétor Vega donde trabajaba de camarero.
 
Esta coyuntura, o quizás un nuevo y dilatado viaje fuera de su tierra, pudiera explicar su ausencia en el famoso Concurso de Cante Jondo celebrado durante las Fiestas del Corpus del año 1922. O tal vez no pudo participar debido a su condición de “profesional del cante” vetada en las bases del mismo.
Sea como fuere su primera comparecencia pública tras este paréntesis pudo ser el lunes 4 de junio de 1923 en la “Gran fiesta popular de canto andaluz y baile gitano (...) a beneficio de la Asociación de La Caridad” que tuvo lugar en la Plaza de Toros de Granada. Según el programa tras el Concierto ofrecido por las Bandas de música de los regimientos de Córdoba, Álava y Granada, y compartiendo escenario con una “Gran Zambra Gitana” dirigida por las Hermanas Gazpachas y Los Ovejillas, se anunciaba que:
 
Los célebres cantadores Niño de Lucena, Antonio Camacho y Juan Soler, de Linares, este último, premiado en el concurso de cante jondo, interpretarán siguiriyas, soleares, polos, martinetes y granadinas, acompañándoles a la guitarra el notabilísimo tocador José Cortés.”.[7]

Plaza de Toros del Triunfo, Granada, hacia 1920.
 
El Defensor de Granada”, en su edición del día siguiente comentó:
 
El Defensor de Granada. Periódico independiente” martes 5 de junio de 1923.
 
Algunos integrantes del conjunto que actuó en la aludida “Fiesta de canto andaluz y baile gitano” en la primavera de 1923. A la izquierda de pie los hermanos Juan y Manuel Hidalgo López ‘Los Ovejillas’ que fueron excelentes tocaores. En primer término, sentadas: la cantaora María La Gazpacha y su hermana Pepa, bailaora, junto al guitarrista Manuel Amaya. (En las esquinas de la imagen a la izquierda, sin sombrero, La Salvaora; a la derecha con traje de cuadros Paca La Gazpacha, ambas bailaoras).
 
Por su parte en la crónica que de este espectáculo realizó el “Noticiero Granadino” ese martes 5 de junio de 1923 se dice:
Portada del “Noticiero Granadino. Diario independiente”; martes 5 de junio de 1923. A la derecha retrato del cantaor Niño de Lucena quien participó en el evento.
 
Es posible que uno de los compañeros que aparece compartiendo aquel escenario junto a Antonio Camacho sea el cantaor lucentino Manuel Porras Reyes. Del otro, Juan Soler ‘El Pescaero’, hay que recordar que fue uno de los galardonados con un premio menor en el Concurso de Cante Jondo de Granada del año anterior, si bien fue el ganador del “Concurso de Tarantas y Granaínas” que apenas dos meses y medio después de aquél se celebró en su propia localidad, Linares, el 31 de agosto de 1922.[8]
A los tres días actuará Camacho, dentro de la oferta de las Fiestas del Corpus, nuevamente junto a El Pescadero en una velada flamenca que se desarrolló la noche del viernes 8 de junio en la verbena de la Plaza de Gracia, según anunciaron todos los diarios de la ciudad ese día. Con ellos también cantaría un joven Cobitos que por entonces ostentaba el nombre de “Niño de Jerez” y, además del habitual tocaor cordobés José Cortés Cortés ‘Pepe de La Flamenca’, les acompañaría el guitarrista Tuerto Salvaorillo:

Gaceta del Sur. Diario católico” de Granada;
viernes 8 de junio de 1923. A la derecha el cantaor jerezano Cobitos.
 
Meses después, el domingo 28 de octubre de 1923, cantará El Camacho en el acreditado merendero “El Último”, aunque no está claro que siguiese trabajando allí de camarero. La participación del cantaor fue el colofón a un banquete allí ofrecido a su paisano el novillero Antonio Vílchez ‘Chico de los Pases’. De la noticia se hizo eco el diario “Noticiero Granadino” que dos días después cerraba así la crónica del evento:
 
...En el banquete reinó la más completa cordialidad.
El fotógrafo señor Henares impresionó unas fotografías.
Después el célebre cantaor de flamenco «Camacho», entonó varios cantes acompañado a la guitarra.
Nuestra felicitación al valiente novillero.”.[9]
 
Instantánea del banquete ofrecido al Chico de los Pases en el interior del Último Ventorrillo 
a finales de octubre de 1923 en cuya fiesta participó El Camacho.
 

El cante de El Camacho en los teatros de Granada.
 
A los dos años y medio de esta fiesta y en compañía del también cantaor Rafael Bejarano, ilustró Camacho en el Teatro Cervantes una conferencia del escritor madrileño José Simón Valdivielso que tuvo lugar el jueves 18 de marzo de 1926. Los anuncios de la prensa demuestran que a nuestro cantaor también se le conocía por ‘El Niño de Granada’ y en esa ocasión se hizo acompañar, aparte de Pepe el de La Flamenca, de un hijo del legendario gitano El Chorrojumo (1825-1906) [10]:
 
Página 2 de los ns.º 24.275 y 24.276 de “El Defensor de Granada”; domingo 14 y lunes 15 de marzo de 1926. Derecha: portada del n.º 7.042 de la “Gaceta del Sur. Diario católico” de Granada; miércoles 17 de marzo de 1926.
 
La crónica del día siguiente de la “Gaceta del Sur” destaca a Antonio Camacho como saetero:
 
En Cervantes.-
Conferencia de Simón Valdivieso.
Conforme teníamos anunciado, ayer a las seis de la tarde dio una interesante conferencia en el teatro Cervantes el culto periodista, escritor y autor dramático madrileño, don José Simón Valdivieso. (...)..
La segunda parte, variadísima y amena, fue dicha con el concurso de los artistas Pepita Frontera, Les Ni-Fort, Nené, el cantaor de saetas Antonio Camacho, «El niño de Graná» y el tocador de guitarra José Cortés Cortés. (...).”.[11]
 
Al mes siguiente y en el mismo escenario se sabe de su participación en un “Concurso de Cante Andaluz” que organizó José Tejada Martín, el famoso Niño de Marchena, con un jurado compuesto por Frasquito Yerbabuena y Mariano Morcillo Laborda empleado de hacienda nacido en Íllar (Almería) de clara vocación flamenca e imprescindible en todos los eventos y juergas de la ciudad. Además del habitual Juan El Pescadero se encontraba José Corbacho ‘El Posaero’ cantaor que, al igual que El Niño de Marchena fue discípulo de Rafael Pareja y de similar repertorio a Antonio El Camacho.
 
El Defensor de Granada”; ediciones del martes 27 y miércoles 28 de abril de 1926.
A la derecha fotografía poco conocida donde aparece el cantaor Frasquito Yerbabuena (con sombrero), detrás de él su hijo Francisco Gálvez, guitarrista. (Detalle de una instantánea tomada en una fiesta de 1930 en la Venta del Suspiro del Moro en honor al novillero granadino Manuel Zarzo Hernández ‘Perete’ que aparece con camisa blanca).
 
Como curiosidad hay que decir que paralelamente a este evento cantaba la gitana María La Gazpacha en el Coliseo Olympia ilustrando con granaínas, saetas y otros cantes el estreno de la película “Granada”.
 
Un mes más tarde encontramos a nuestro cantaor participando en una fiesta organizada por la colonia catalana en Granada el domingo 2 de mayo de 1926. “El Defensor de Granada” recogía así su actuación de nuevo en el conocido Merendero “El Último” con la particularidad esta vez de mostrarse Antonio El Camacho también en su faceta de guitarrista:
 
La Virgen de Monserrat.-
La colonia catalana solemniza la fiesta de su Patrona.- (.../...).
Conforme anunciamos, el domingo último tuvieron lugar los solemnes actos con que la Colonia Catalana de esta capital celebró la fiesta de su patrona, la Virgen de Monserrat. (...).
Terminado el banquete, se verificó una pequeña fiesta.
La encantadora señorita Sofía Moreno bailó sevillanas, acompañadas a la guitarra por el célebre tocador y cantaor Camacho.
La angelical señorita Cardenchita Segarra y el señor Mir cantaron diferentes números de «Los Gavilanes» y otras conocidas zarzuelas: el célebre Camacho deleitó a la concurrencia con su más variado repertorio de cante flamenco, siendo muy ovacionado, y la fiesta concluyó con un animado baile, que duró hasta finalizada la tarde, hora en que regresaron a la capital los señores de la colonia catalana, muy satisfechos del acto conmemorativo celebrado.”.[12]
 
El miércoles 22 de junio de 1927, cantará nuevamente Antonio Camacho en el escenario del Teatro Isabel la Católica en una función a beneficio de la Federación de Cofradías, compartiendo escenario, entre otros, junto a Dora La Cordobesita y un quinteto de pulso y púa en los que es más que probable que actuasen los ya referidos José Molina y José Recuerda:
 
En Isabel la Católica.- (...).
Un éxito artístico y de taquilla fué anoche la función a beneficio de la Federación de Cofradías.
El variado programa fué muy aplaudido. (...).
La Rondalla granadina, quinteto de laúd, guitarras y bandurrias, interpretó admirable la «Danza gitana», de Alonso, «Las castigadoras» y la gavotta de «La Calesera» del mismo autor, y «Granada», de Albéniz.
«Dora la Cordobesita» estuvo tan clásica y gentil como siempre en el «Fandanguillo» de Almería. (...).
El cantador Camacho lució su estilo en el flamenco. (...).”.[13]
 
Interior del Teatro Isabel La Católica de Granada hacia 1930.
 
 
En recitales, concursos y festivales de Granada.
 
Hay que suponer que poco salió Camacho de Granada y su provincia aunque hay indicios de que al menos cantó en la vecina Málaga a tenor de la información que por este tiempo ofrece la revista “Granada Gráfica” en su edición de septiembre de 1928 al abordar escuetamente su figura artística:
 
Antonio Rodríguez Camacho.
Popularísimo granadino, artista del «cante jondo», que ha obtenido premios en los concursos celebrados en Málaga y Granada.”.[14]
 
En la primavera de 1929 aparece dando un recital junto a otros cantaores teniendo como escenario un ring de boxeo. En esta ocasión le acompaña nuevamente Cobitos y como guitarrista Miguel El Santo, según anunciaba “El Defensor de Granada” ese mismo día:

El Defensor de Granada”;
domingo 23 de junio de 1929.
 
Se tiene constancia de un cartel –dado a conocer en 1997 por José Guardia Rodríguez-, que oferta un gran espectáculo flamenco en la “Plaza de Toros del Triunfo” de Granada que carece de fecha de año y mes señalando únicamente que tal evento habría de tener lugar un
 
Miércoles 10 a las nueve de la noche Gran Festival Benéfico a favor del Colegio de Huérfanos (Zona de Granada) organizado por la Asociación General de Empleados y Obreros de Ferrocarriles de España”.
 
Es posible que dicho espectáculo tuviera lugar el miércoles 10, bien de abril o de julio, del año 1929 (pudo ser el miércoles 10 de octubre de 1928 aunque es poco probable). No creo que fuese anterior a estas posibles fechas ya que en él debuta Antonio Tamayo Aguilera “El Niño de la Voz de Oro” de apenas 15 años de edad de quien no he encontrado ninguna otra ocasión en la que aquel precoz artista flamenco cantase públicamente anterior al domingo 17 de agosto de 1930, aparte de ésta. Del referido cartel este fue el orden del espectáculo:
 
1.º Sinfonía por la Banda de la Excma. Diputación provincial.-
2.º ‘Gran Cuadro Flamenco’.-
3.º Presentación del notable cantador conocido por el de la Voz de Oro, Antonio Tamayo.-
4.º Debut del famoso cantador a todos los estilos Miguel López (Niño de las Saetas).-
5.º Debut De Valentín Hueso Pozo; Sin rival en fandanguillos en su estilo.-
6.º Debut José Campos (Niño de Vélez) el as del cante flamenco, sin rival en todos los estilos.-
7.º Éxito, Éxito una vez más se presenta ante nuestro público Manuel Cobos premiado en diferentes concursos.-
9.º Éxito, Éxito del notable cantador, paisano nuestro Antonio Camacho.-
Tocadores a Guitarra; Manuel Amaya-Juan Hidalgo y Manuel Hidalgo.- (...).”.[15]
 
Cartel recogido del libro “La Ópera Flamenca en Granada” de José Guardia Rodríguez posiblemente del año de 1929. A la derecha fotografía inédita del Niño de la Voz de Oro de inicios de 1930 quien hizo su presentación pública en dicho evento compartiendo aquel escenario entre otros con Camacho.
 
A la primavera siguiente participó Camacho en la edición primera de lo que con el tiempo sería el famoso Festival Nacional de Música y Danza de Granada. En aquella ocasión fue auspiciado por el Patronato Nacional del Turismo y sus sesiones estuvieron dirigidas por el compositor Ángel Barrios hijo del popular cantaor Antonio El Polinario.
Se desarrolló el evento en las noches del jueves 22 y viernes 23 de mayo de 1930 y dentro del recinto del famoso Carmen de Los Mártires situado en el entorno de la Alhambra, contándose entre el público una delegación de extranjeros que asistiría a otras similares fiestas ofrecidas en otras regiones de España. “El Defensor de Granada” dio cumplida cuenta del programa capitalizado casi por completo por el cante flamenco y la zambra gitana. Como se puede comprobar se bailaron: alboreás, cachuchas, fandangos, chuflas, la mosca, tangos-zambras, farrucas y zapateados; y se cantaron: siguiriyas, martinetes, serranas, soleares, polos, cañas, granaínas, saetas, bulerías, nanas, rondeñas y peteneras. El mismo diario publicó una pequeña crónica del primer día destacando a Antonio Camacho:

Programa de los Festivales por “El Defensor de Granada” ediciones de mañana y tarde del jueves 22 de mayo de 1930. A la derecha reseña del evento por el mismo diario en sus respectivas ediciones de mañana y tarde del día siguiente.
 
El Carmen de los Mártires, hacia 1933.
En este privilegiado entorno se solían organizar representaciones folclóricas y musicales en general, destacando también las flamencas como se observa en la imagen.
 
En el suelto “Silueta del Día” que firma “Constancio” acerca de la segunda noche, con notable desdén, hacía la siguiente reflexión en el referido diario:
 
En los festivales de música popular celebrados en la Alhambra, los «jipíos» sentimentales de la Gazpacha y los gritos melodramáticos del Camacho han encontrado un eco comprensivo y emocional entre los extranjeros flamenquistas. Han sido ellos precisamente los que han puesto en la fiesta una nota de color. (...). Y a todo esto el ¡ay! desolado del cante jondo en el silencio de una noche estrellada. La españolada magnifica del sentimiento andaluz; el «¡ole tu madre!» de los aficionados impetuosos; el «¡vamos a verlo, niña!» de los preludios flamencos. (...).”.[16]
 
A inicios de 1931 se produce un lamentable hecho que quizá haga referencia a un sobrino del propio Antonio Camacho y cantaor como él. Este familiar salió mal parado de una riña que sostuvo con un guitarrista, quizá Cándido Román Maldonado ‘Román el Granaíno’ (1904-1983). La prensa de Córdoba fue la que se hizo eco del triste suceso:
La Voz. Diario gráfico de información” de Córdoba;
ediciones del lunes 5 y martes 6 de enero de 1931.
 
A finales de junio de ese mismo año Antonio Camacho formaba parte del elenco flamenco que actuaría a beneficio de los obreros en paro obligado de Granada. En este caso además de algunos compañeros que con él habían compartido actuaciones, aparece otro Niño de Granada que solía desarrollar su trayectoria en Córdoba: se trata de Miguel Milena Rosales, nacido en el cercano pueblo de Colomera en 1895 y fallecido en Mérida en 1941. También aparece la bailaora granadina Concepción Campos Cortés conocida por La Coja (1874-1944) quien fuera capitana de una zambra sacromontana compuesta, entre otros, por las cantaoras Conchilla Maya y María la Canastera, la bailaora Lucía La Casualiá y los tocaores Pepe el Tranca y Salvador Román, con la cual grabó en discos de pizarra este mismo año de 1931. Así anunció la prensa dicho evento la víspera:
 
El Defensor de Granada”;
ediciones de la tarde del jueves 25 y mañana del viernes 26 de junio de 1931.
 
La siguiente noticia es previa al inminente estallido de la Guerra Civil, aunque se anuncia como “El Niño de Graná” tiene todos los indicios de tratarse de nuestro protagonista. En esta ocasión sería acompañado por el tocaor iliturgitano Juan Crespo en los salones de la Sociedad Masa Coral de Granada.
 
La Publicidad. Diario democrático de la mañana” de Granada; domingo 7 de junio de 1936.
 
Hasta aquí la primera entrega de este poco conocido cantaor. En la siguiente trataremos de acercarnos en la medida de lo posible a su cante.


Rafael Chaves Arcos

[1] Página 2 del n.º 1.545 del diario “Noticiero Granadino”; martes 8 de septiembre de 1908.
 
[2] En portada del n.º 15.342 de “El Defensor de Granada. Periódico independiente”; lunes 13 de febrero de 1911.
 
[3] Molina Fajardo, Eduardo: “El Flamenco en Granada. Teoría de sus orígenes e historia”; Ed. Miguel Sánchez Editor. Granada, 1974; páginas 103 y 181.
 
[4] http://www.elarqueologomusical.es/2012/11/granada-y-sus-ninos-cantaores.html
 
[5] Página 2 del n.º 17.236 de “El Defensor de Granada. Periódico independiente”; miércoles 12 de enero de 1916.
 
[6] En portada del n.º 4.891 del “Noticiero Granadino”; domingo 28 de octubre de 1917.
 
[7] Albaicín, Curro: “Zambras de Granada y flamencos del Sacromonte. Una historia flamenca en Granada”; Ed. Editorial Almuzara. (Madrid), febrero 2011; páginas 60 y 61.
 
[8] Checa Medina, José Ramón: “El Concurso de Flamenco de 1922 en Linares, el primero en Tarantas y Granaínas”; en revista “Siete esquinas”, n.º 7. Linares, 2014.
 
[9] En página 3 del n.º 6.561 de “Noticiero Granadino. Diario independiente” en su edición del 30 de octubre de 1923.

[10] El buen investigador y amigo Antonio Conde González-Carrascosa nos advierte que este tocaor era hijo del popular “Rey de los Gitanos de Granada”, no nieto como supusimos en un principio por la mucha diferencia de edad entre ambos, ya que Mariano Fernández Santiago (a) Chorrojumo curiosamente se casó muy mayor, a los 59 años de edad, con Dolores Román Heredia con la que tuvo tres hijos. Uno de ellos fue Rafael, quien “heredaría el trono” de su padre y oficiaría como él de modelo y guía de turistas hasta 1916. El guitarrista al que se refieren estas noticias, llamado Antonio Fernández Román, había nacido en 1886. 

[11] En portada del n.º 7.044 de “Gaceta del Sur. Diario católico” de Granada; viernes 19 de marzo de 1926.
 
[12] En portada del n.º 24.3577 de “El Defensor de Granada. Decano de la Prensa diaria de esta provincia”; martes 4 de mayo de 1926.
 
[13] Página 5 del n.º 25.065 de “El Defensor de Granada. Decano de la Prensa diaria de esta provincia”; jueves 23 de junio de 1927.
 
[14] Página 18 de la revista “Granada Gráfica”; septiembre de 1928.
 
[15] Este cartel también fue incluido en Albaicín, Curro: “Zambras de Granada y flamencos del Sacromonte. Una historia flamenca en Granada”; Ed. Editorial Almuzara. (Madrid), febrero 2011; páginas 60 y 61.
 
[16] Página 2 del n.º 26.918 de “El Defensor de Granada”; ediciones de mañana y tarde del sábado 24 de mayo de 1930.