lunes, 20 de julio de 2026

La aventura cantaora de El Niño de Mairena

A la memoria de Luis Soler Guevara

De Antonio Mairena quizá se conozca más su faceta artística en su plenitud profesional a partir de que ganara la Tercera Llave del Cante obtenida en 1962 en el III Concierto Nacional de Cante Flamenco de la ciudad de Córdoba. Conocida e importante fue su gran labor en pro del flamenco con la revalorización de la obra de una egregia estirpe de cantaores que sin él se hubiera perdido. Su manera de expresar el cante trascendió el plano formal para adentrarse en una particular concepción casi mística a la hora de exponer su legado. Tal consistía en un trascendental repertorio mucho del cual reelaboró de forma cuidadosa desde el plano interpretativo mediante el uso consciente de códigos y pautas cantaoras que pudo recabar a lo largo de su vida.

Antonio Mairena
cuando era conocido por El Niño de Mairena.
 
En tal sentido nada en Mairena quedó al albur de la improvisación considerando que muchos de los estilos por él legados le habían sido revelados y la arquitectura melódica de otros tantos partió de elementales reliquias que recabó de dispersos y postrimeros eslabones de cadenas de transmisión genuinas. De su labor recopilatoria empleada al rescate y salvaguarda de cantes cercanos a la extinción siempre tuvo plena conciencia según manifestó el propio cantaor en sus recuerdos:

Me alegraba de que el cante gitano todavía se conservase puro, y mi afán no era otro que imitar a las abejas, andando de flor en flor y recogiendo de cada cáliz donde permanecía el cante gitano un poquito de su esencia, que luego yo atesoraba en mi propia colmena.”.[1]
 
Así, el propio cantaor consideraba que muchos de los estilos por él legados no le pertenecían de forma plena en el convencimiento de que su cometido fue el de simple pero inexorable restaurador de los mismos. Todo este ímprobo esfuerzo se podría llegar a comprender en el seguimiento de su trayectoria artística algo menos conocida. Aunque la vida de Antonio Mairena está documentada intentaremos en esta entrada exponer aquellos pasajes menos conocidos o inéditos de su vida que ayuden a comprender y situar mejor su periplo cantaor hasta llegar al año 1950, donde, en cierto modo, deja de ser “El Niño de Mairena” para convertirse en “Antonio Mairena”. Como no podía ser de otro modo hemos tomado como guía su libro “Las Confesiones de Antonio Mairena” –elaborado y ordenado en su mayor parte por el escritor moronense Alberto García Ulecia y publicado en 1976-, que nos ayudará a conectar las noticias recabadas y ponderar relatos del cantaor de especial relevancia tomados de otras fuentes.
 
 
Infancia y juventud
 
Según certificado de nacimiento que recoge la Sección Primera del Registro Civil de la sevillana localidad, en el tomo 22, folio 311, el futuro cantaor había nacido el domingo 5 de septiembre de 1909:

D.- ʻAntonio Cruz Garcíaʼ.=; hijo de ʻRafael.-ʼ y de ʻAurora.-ʼ; nació en ʻMairena del Alcor. (Sevilla)ʼ el día ʻcincoʼ de ʻseptiembreʼ de ʻmil novecientos nueveʼ.-”.
 
Estos datos también los corrobora la partida de bautismo expedido a los seis días, el sábado 11 de septiembre de 1909; documento que además constata que nació en la “calle de Alfonso XII”, en realidad plaza, la popularmente conocida como Placeta de las Flores y en la casa n.º 7. Fue el primogénito del matrimonio formado por Rafael Cruz Vargas y Aurora García Heredia, y bautizado en la Iglesia de Nuestra Sra. de la Asunción por el entonces párroco de la misma don Jerónimo Garrido Pulido. No obstante, el propio cantaor expresó –en 1972 y en el Capítulo I Del citado libro de 1976- que había nacido con anterioridad a la fecha consignada:
 
Había nacido en Mairena del Alcor, un pueblo a veinte kilómetros de Sevilla, el 5 de Septiembre de 1909.”.[2]
Yo nací en Mairena el 7 de septiembre de 1909, aunque, no sé por qué error, en los papeles rezo como nacido dos días antes”.
 
Copia de certificado de bautismo de Antonio Cruz García.
Mairena del Alcor el sábado 11 de septiembre de 1909.
(Fotografía revista “Candil”, Jaén, 1981).
 
Aunque no se especifique, sus abuelos paternos Antonio Cruz Reyes y Carlota Vargas Navarro eran respectivamente de Utrera y la provincia de Cádiz, mientras que los maternos José Antonio García García y María Eugenia Heredia Cruz, eran maireneros.
Se constata que fueron sus padrinos de bautismo, su tío paterno Manuel Cruz Vargas y la esposa de éste Encarnación Jiménez Ríos, emparentada con la familia del bailaor Faíco. Tras Antonio sus padres tuvieron cinco hijos más: Águila, Francisco, Juan, Rosario y María Josefa.
 
Plaza de Las Flores de Mairena del Alcor hacia 1935.
Tramo de la plaza frente al Ayuntamiento que albergó lugares de ocio como Casa Cochero, Peña Mohara, y los bares de José María o de Manuel de Nana.
(Fotografía archivo Francisco Javier Peña).
 
Entre los antecedentes familiares, como no podía ser de otro modo, hubo no pocos aficionados al cante y baile que, aunque no profesionales, exponían su arte en círculos intimistas y fiestas de carácter familiar, a través de los cuales el niño fue asimilando los códigos musicales de su etnia. Del ramal paterno son ilustrativos los siguientes datos que ofrece María Adela Díaz Párraga, referidos a Irene Cruz Vargas ʻIrene de La Gloriaʼ (1891-1960), prima hermana del futuro cantaor:

Figúrense ustedes, la maravilla blanca de Mairena del Alcor. ¡Mairena del Alcor! (...).
Bueno, pues en estos andurriales se aposentó hace montones de años una familia gitana. Eran la tía María y el tío Manuel Pitito, que hicieron su casa en la calle Alta. Y tuvieron una hija, guapa como la que más, la Gloria, que bailaba como si tuviera duendes en los pies. Y se casó con Juan Cruz Vargas, zapatero acomodado, con trabajo que le sobraba y muy buen pasar. Y que cuando se arrancaba en un cante, andaban sueltos los más puros melos gitanos. Y claro, de este maridaje, ya me dirán ustedes que iba a salir. Carmela, Diego, Anselmo e Irene. Sí, señores, fue la Mairena de finales del siglo XIX la que vio nacer a Irene Cruz Serrano, la mocita guapa como una clavellina, y que cantaba como alondra mañanera. ¡Menuda cantaora era la chiquilla! Lastima que no se dedicara al cante como profesional, pero en su casa no había apuros, e Irene sólo se lució en las fiestas familiares.
Dicen que cantando era tan buena como la célebre Pastora, su gran amiga; dicen que tenía la misma categoría que pudiera tener la Nina de los Peines. Irene era sobrina de Diego el de Brenes, y prima de Antonio Mairena. (...).”.[3]
 
Irene Cruz Serrano, gran cantaora no profesional, prima hermana de Antonio Mairena.
(Archivo Revista “Candil”; Jaén).
 
De sus parientes mucho influyeron las mujeres, especialmente su abuela materna, a la que llamaban La Morena, según el propio cantaor señaló al inicio de sus memorias:
 
Entre mis recuerdos más lejanos y nebulosos destacan algunas entrañables figuras de mujeres gitanas que yo siempre tengo presentes en mi memoria. La primera de ellas es mi madre. (...). Otra gitana que en mi infancia bregó mucho conmigo fue una hermana de mi abuela ‘la Morena’, mi tía Francisca, a la que mi abuela tenía recogida. (...). A mí me quería mucho y me cuidaba. Cantaba por romances que no se podía aguantar. (...). Y recuerdo también, sobre todas, a mi abuela María Eugenia, que tenía mucho salero. (...). Yo casi siempre andaba con mi abuela. Prácticamente me crié en su casa, que durante mi adolescencia, era para mí como un refugio. En ella pasaba más tiempo que en la de mis padres. (...).”.
Aurora García Heredia, madre de Antonio Mairena.
 
El pequeño Antonio crece pues en el seno de su familia y el ambiente de su pueblo natal, y su infancia y adolescencia transcurren entre sus allegados netamente calés, lo que –según narra en el Capítulo II- le predispuso a interpretar el cante:
 
Se me iban quedando grabados algunos cantes de Cádiz que cantaba mi abuelo, el padre de mi padre. (...).
Mi padre acostumbraba a ir a Sevilla, y, cuando podía, se ponía a merodear por los lugares propios de las fiestas flamencas. Yo, aunque era muy pequeño, solía acompañarle. (...). Así iban transcurriendo los años de mi infancia, sin salir del ambiente familiar, educado en la tradición y en la ley gitana, pero sin más horizonte que el de mi humilde familia”.
 
Merced a la gran afición de su padre y a la amistad que mantenía con los distintos cantaores que recalaban en el pueblo, el joven Antonio pronto conoció a importantes intérpretes quienes le marcarían hondamente:
 
Solamente mi abuelo, Antonio Cruz Reyes, gitano de Utrera, cantaba y bailaba como buen aficionado, pero nada mas. Mi padre, Rafael Cruz Vargas, era un aficionado muy inteligente, pero no cantaba absolutamente nada y mi madre, Aurora García Heredia, solamente bailaba por tangos en las fiestas familiares. Esto es todo.
Si, mi familia era puramente gitana, pero sin solera de artistas flamencos; mi padre tenía una fragua, en la que yo, desde niño, trabajé en la cansina tarea del fuelle y puedo afirmar que yo fui hijo de la fragua, en sentido figurado, y allí sonaron mis primeros rasgos de cante gitano. Mi padre, por su afición, era gran amigo de Joaquín el de la Paula y de Manuel Torre y en sus reuniones fueron estas las primeras voces que yo escuché. Quedaron grabados en mi mente aquellos «duendes» y mas tarde servirían de piedra fundamental en la formación de Antonio Mairena. (...).”.[4]
 
Rafael Cruz Vargas, padre del Niño de Mairena.
 
En buena lógica tuvo que ser recurrente para el joven Antonio la frenética actividad asociada a la famosa Feria de Mairena, una de las más antiguas de Andalucía, pues el privilegiado enclave de su localidad natal se constituyó en centro neurálgico del comercio de ganado principalmente cada segunda quincena del mes de abril desde el año de 1441: 
Joaquín el de la Paula ponía una caseta en el mercado de ganao que era una choza, él estaba de tasquero y había un letrero encima de la puerta que decía «El Descrédito». Se llevaba para que le ayudaran a Manolito el de María, a un hijo que era de mi edad, El Sevillano, y un cantaor, Luis Candelas, que entonces también estaba en Alcalá... Recuerdo que un año, siendo niño y estando con mi padre, aquel hombre, hablando de cante con mi padre y después de tomarse con él unas copas, salió cantando el polo, la caña, tonás, romances..., ¡yo qué sé!..., nos dio un discurso de cante. (...).
Cuando mi padre se quitaba el mandil de estar en el fuelle, me tomaba de la mano y nos íbamos a buscar a Joaquín; el poquillo dinero que tenía se lo daba diciéndole: «Toma, nos invitas tres o cuatro veces y nos haces un par de cantecitos». Así, iba yo absorbiendo. (...).”.[5]
 
Joaquín el de la Paula.
(Archivo de Gonzalo Montaño Peña).
 
Frecuentó también el famoso arrabal trianero, escuchando de primera mano y en aquel ambiente a genuinos cantaores, asimilando esencias de los distintos cantes y sus variados matices:
 
También un tío mío me traía a Triana de la mano. Era amante de una prima de la Nina de los Peines. Y allí, en la Cava, me llevaba a la casa de Los Aparejillos, allí escuchaba el cante de los Aparejeros y el de una tal Esperanza que cantaba excelentemente por siguiriyas. También frecuentaba la casa de los Caganchos y, en mi corta inteligencia, recogía lo que aquello era. Luego, cuando me empezó a sonar la voz, ya tenía yo todo eso en mi mente. (...).”.[6]
 
En esos precoces trasiegos conocerá igualmente a Juan Fernández Vargas ʻJuan Talegaʼ (1891-1971), gran cantaor de Dos Hermanas aunque oriundo de Alcalá de Guadaira con quien mantendría una gran amistad toda la vida:
 
Era yo todavía un niño cuando conocí por fortuna a este gitano, de origen alcalareño y descendiente de la familia de los Paula, hijo de Agustín Talega y sobrino de Joaquín el de la Paula.
Mis conocimientos con él se debieron al hecho de por ser un gran amigo de mi padre, y a través de esta amistad lo conocí y lo escuché cantar por primera vez siendo muy niño, y después ininterrumpidamente hasta que falto de esta vida. (...).”.[7]
Juan Talega en su juventud.
(Archivo de Antonio Cortés Escobedo).
 
Se dice que en la casa de sus abuelos maternos la gracia y el salero corrían a raudales y de la estirpe de José Antonio García fueron miembros ʻLa Bellaʼ, Tía Pilar, ʻLa Gordaʼ –que estilaba el antiguo romance- y ʻLa Guarachaʼ, quien residió por aquel tiempo en Mairena con sus hijos Baldomero, El Moreno –buen cantaor que casó con Tía Pilar ʻLa Buñoleraʼ- y Faíco. Ya vimos en otra entrada de este blog –la relativa al cantaor Antonio Giménez de Osuna-, cómo la identidad de La Guaracha con toda probabilidad corresponda a María de los Dolores Ríos Tirado, gitana de Marchena nacida hacia 1852 y hermana de La Josefa, mítica siguiriyera.
 
La primera ocasión en que el pequeño Antonio cantó en público fue con motivo de una fiesta que celebraba la venida de aquel gran bailaor al pueblo. En dicha ocasión y con gran sorpresa de todos, incluso de sus padres, Antonio interpretó un tango que había puesto de moda Pastora Imperio, según refirió el cantaor a Rogelio Marín quien así lo expone: 
Es harto conocido que por aquella época las familias gitanas se reunían en fiestas cuando cualquier hecho feliz sucedía. Allá por el año 1918 vuelve aquel portentoso bailaor Faíco, al concluir la guerra Europea y con tal motivo tuvo lugar una de ellas en la calle denominada Ancha, a la que tuvieron acceso varios aficionados; el ambiente va subiendo de tono, el pequeño Antonio, agarrado a las faldas de su madre, observa y calla, pero sus primeros duendes le rondaban y sin darse cuenta y por un impulso extraño arrancó a cantar por tangos; Faíco sorprendido y tocado en lo más profundo de su ser, se lanzó a bailar y fue tal su entusiasmo que al concluir lo toma en sus brazos, en medio del júbilo general”.[8]
Faíco y La Morita junto a la gran Pastora Imperio, subida en el burro,
entre el elenco de artistas del Teatro San Martín de Buenos Aires.
(Archivo Alberto Rodríguez Peñafuerte).
 
El propio Antonio Mairena evocó dicho encuentro en varias ocasiones; una de ellas en entrevista con Paco Almazán:
 
Porque yo empecé a cantar a los diez años, cuando el bailaor Faico (el viejo) vino de Rusia. Mi madre me tenía sentao con ella y yo salí cantando una zambra, y Faico me cogió entusiasmao y me empezó a besar. Luego, ya cantaba en la fragua de mi padre. (...).”.[9]
 
Yo, como simple gitanito que trabajaba con mi padre en la herrería, desde que tenía 8 ó 9 añitos, ya, en una fiesta familiar, con motivo de la llegada del gran bailaor Faico a Mairena, de vuelta de Rusia, a hacerle una visita a un hermano que residía allí, pude dejar escuchar mi voz. En la referida fiesta, (...), precisamente en aquella fiesta, por primera vez sonó la voz de Antonio Cruz García, Nino de Rafael, cantando por tangos que vosotros, quizás, alguna vez habréis escuchado por algún sitio raro y que canté aquella noche espontáneamente y bailó Faico magistralmente.
 
Soy grande con ser gitano                 Nací «onde» quiso Dios.
No niego mi ley por «vía»                  Mi cuna fue una canasta
Y si creéis que es ojana                      entretegida entre churumbeles
Allá va la historia mía.                       de mi misma casta.
 
Mis padres gitanos fueron                  No me «quea» más herencia
y mis abuelos también                        que una guitarra y un pandero,
y por eso descendemos                      un borriquillo y un caldero
del Egipto y de Belén.             ____     y, arriba, la Providencia.
 
En el rigor del verano
una fuente de agua clara
donde me lavo las manos,
donde me lavo la cara.
 
Esto lo viví por los años diecinueve, después de la primera guerra europea. (...).”.[10]
 
Con respecto a la afición al cante que el pueblo de nuestro protagonista tenía por entonces son ilustrativos los siguientes párrafos de Abelardo L. Cansino contenidos en el diario “El Noticiero Sevillano” de inicios de julio de 1922:
 
Por esos pueblos de Dios...—
Mairena del Alcor. (.../...).
El pueblo de la seriedad y el cante flamenco. (...).
A una vuelta de la carretera, aparece súbitamente, recogido y pequeño, el pueblo de Mairena. Sobre las casas la aguja de la torre y las almenas del castillo árabe, en el que don José Bensor ha creado por arte de maravilla, un soberbio museo. (...).
Vamos después a la fuente del Alconchel, lugar famoso donde corre un agua de no menor fama y de la cual se surte el pueblo. (...).
Nos acercamos a las mujeres que lavotean las ropas dando porrazos enérgicos con el trozo del jabón verde; charlamos con ellas y a los pocos momentos somos ya muy amigos.
«...La que me lavó el pañuelo,
me lo lavó en agua clara
me lo tendió en el romero». (...).
 
Imagen retrospectiva de Mairena del Alcor.
 
Por “seguirillas” gitanas.
Hasta en los perros hemos observado aquí una admirable seriedad. Muerden muy serios. (...).
Pero aparte de esta solemnidad general, hay una cosa que nos desconcierta. En Mairena existe una afición exorbitante al cante flamenco. Y más que al flamenco, al verdadero cante «jondo».
A la vista, de esto, no hay más remedio que dar la razón a los flamencos que lloran al son de unas seguirillas y a compás de un «ay» sentimental. Por consecuencia, si a estos hombres les gusta el flamenco, ha de ser una cosa seria.
Frente a nuestra fonda, en una taberna, se han llevado dos cantadores, en competencia de soleares, saetas, fandangos y seguirillas, hasta las cuatro de la mañana. Cuando se callan, se oye cantar en otra taberna más lejana; y a primera hora, en las puertas de las casas, cualquier vecino, solo o acompañado, se apunta unas salidas de cante viejo. (...).”.[11]
 
En relación con el relato anterior son estos recuerdos del cantaor que pueden situarse en el año 1922:

A Mairena también iba mucho la madre de Faíco, una gitana que le decían «La Guaracha», que cantaba magníficamente los cantes de Triana. Recuerdo que en el bautizo de mi hermana Rosario –que ya tiene sesenta años- una vez cantaba Joaquín y otra La Guaracha. Y este ha sido mi ambiente, en el que me crié. (...).”.[12]
Ese año tuvo gran repercusión el Concurso de Cante Jondo de Granada al que el joven Antonio Cruz no pudo asistir al no poder hacer frente su familia al coste del viaje. A raíz de aquel famoso certamen presenció el cantaor en ciernes, acompañado de su padre, una actuación de los ganadores de aquel evento junto a otros artistas, en un teatro portátil de madera instalado en el Prado de San Sebastian de Sevilla.
 
 
En Carmona, 1923
 
En el año 1923 se produce la primera actuación del joven Antonio en un escenario de la localidad sevillana Carmona. Merced a esta primera comparecencia pública y al nombre de su padre, empieza a ser conocido como “Niño de Rafael”. Así lo aludió el propio Antonio al hecho en dos ocasiones:
 
Después de conocerme mi familia lo que yo cantaba, mi padre, que era un gran aficionado y muy amigo de todos los buenos cantaores de por aquel entonces, ya me introducía en todo lo que, familiarmente, se encartaba, bodas, bautizos y fiestas entre amigos, y así, ya por los años veintitrés me llevo una noche a la cercana ciudad de Carmona, y con un gitano amigo suyo, que tenía una hermana que cantaba fenómeno en un cafetín que le decían la Casa del Moro, me obligó a subir al tablao que allí había y tuve que cantar con aquella gitana, con un guitarrista de Carmona, haciendo lo que yo sabía, pero que el pequeño publico, desde aquella noche, me llamaba en Carmona el Niño de Rafael (...).”.[13]
Mairena cuando aun era conocido por El Niño de Rafael.
 
Este hecho de ponerme encima de un tablao por primera vez, en Carmona, fue empujado por mi padre, que tenía una gran amistad con un gitano de Carmona, que se hicieron compadres. Este gitano era de esta ciudad, pero vivía en Marchena, Joselito El Chato, hijo de una gitana que también era de Carmona, que le decían La Chata y que en la casa de esta familia había una hermana de Joselito que se llamaba Teresa, que cantaba que quitaba to el sentío, con unas condiciones de fenómeno. (...). El contacto con esta familia fue el motivo de que mi padre hiciera que yo cantara una noche en un local que había frente a la Plaza y que se utilizaba para dar Cante Flamenco. A este local le decían la Casa del Moro y allí me hizo mi padre que actuara con esta Teresa La Chatilla, que le llamaban, y allí fue donde por primera vez en su vida Antonio, el Niño de Rafael, se puso en un tablao y cantó con aquella gitana que tenía unas condiciones como Pastora, o quizá tanto como Pastora”.[14]
 
De su mocedad recordaba el cantaor que por ese tiempo se juntaban un alto número de gitanos y gitanas de su edad y organizaban fiestas puramente flamencas. Igualmente también militó el joven Antoñito el de Rafael en las llamadas comparsas que se organizaban los días de Carnaval. Es por ese año de 1923 cuando, siendo adolescente, toma contacto con el enigmático Manuel Torre, cantaor al que nunca dejó de exaltar merced a la indeleble huella que había dejado en el joven Antonio y así por ejemplo, le refirió a Francisco Almazán:
 
A Manuel Torre le conocí yo en mi pueblo natal, que él iba a cantar en un pequeño café cantante. Era motivo de que cuando venía al pueblo los gitanos venían a reunirse al café para oír cantar a Manuel. Entonces yo tendría como doce o trece años, y mi padre y mi madre me llevaban, y cuando terminaban en el café se reunían de fiesta ellos. Entonces conocí a Manuel Torre; me enamoré de su forma de sonar, de su eco, de su manera de cantar, aunque en aquel tiempo yo no podía digerirlo, pero quedó impregnao en mí para siempre (...).”.[15]
Manuel Torre hacia 1920.
(Archivo Sociedad del Cante Grande de Algeciras).
 
Esta gigantesca figura del cante me inculcó, en mis primeros años de aficionado, una serie de ideas y maneras de cantar que jamás he podido olvidar, y que forma parte de lo que represento, actualmente como intérprete del cante gitano andaluz.
Por los años 23 y 24 le escuché, por primera vez, en un pequeño local de mi pueblo natal, donde contaba con muchos admiradores. Su sonido y forma de cantar me causaron un gran impacto, y, junto con lo que había captado de Joaquín «El de la Paula», sirvió para constituir las piedras básicas en las que hoy se fundamenta la formación de lo que es Antonio Mairena. (...).”.[16]
 
Por este tiempo su afición le llevó a frecuentar importantes encuentros con otros cantaores de la provincia de Sevilla. En estas expediciones conocerá, además de Joaquín el de La Paula, a otros estilistas de puras esencias de cantes tan importantes como las soleares que durante aquel tiempo de formación y aprendizaje iba asimilando:
En mi largo caminar por este complejo mundo del flamenco, puedo afirmar que este cante tan solo tuvo un fiel interprete, porque era astilla de la misma madera y tan alcalareño como el que más: Juan Talega, junto a otro nombre que para ustedes puede constituir una sorpresa, Manolo «El Chindo», gitano de Marchena al que yo conocí y amigo de mi padre; un enamorado profundo de Joaquín el de la Paula y del cante de Alcalá. Cuando lo escuché por vez primera en Mairena, con Juan Talega, Pepe Torre y una gitana de Jerez, María Pantoja, a pesar de mi juventud pude comprobar que Manolo el Chindo cantaba el cante de Alcalá como se lo escuchara a Joaquín y le hacía llorar como a un niño. Por esto, cuando se habla del cante gitano de esta fase y época, no podemos dejar de mencionar a la Marchena de aquellos tiempos en la que hubo una gitanería que nada tenia que envidiar a la de ningún centro cantaor. En Marchena se cantó, bailó y se tocó la guitarra como en el mejor sitio. (.../...).
Pero Alcalá dio muchos mas valores en este mismo matiz de cante en otras familias gitanas. Merecen especial mención La Roezna, la madre de Juan Barcelona, que, como Carmen y Vicenta (Las del Gordo) cantaba todos los cantes bailables y puros de Alcalá, distinguiéndose también por Romance y Arboreá, como tuve el privilegio de escuchar en mis inicios. (...).”.[17]
 
Reunión flamenca de varios artistas, donde aparecen de derecha a izquierda: Manolo de Huelva, el Niño de Marchena y Manuel Vallejo. También Arturo Pavón, segundo por la izquierda. Tumbado Manolo El Chindo.
 
...también frecuenté a Manuel Torre y a los Pavones, que eran primos de mi padre y también se apellidan Cruz. Después me vine a la Alameda, pronto fui a Jerez, a Cádiz, y comencé a conocer las diferencias del cante de esas ciudades y el de Los Puertos. Muy prematuramente empecé a conocer unas cosas de las que nunca me pude salir, de las que nunca me quise salir (...).”.[18]
 
 
1924. El Concurso de Alcalá de Guadaíra.
 
En el verano de 1924, coincidiendo con la Feria de Alcalá y vinculado a las fiestas de la Virgen del Águila, se celebró un concurso de cante en el que participó Antonio. Este certamen, organizado por el concejal Antonio Álvarez de Alba, popularmente conocido por ʻJaroʼ y que también formó parte del jurado calificador. El evento tuvo lugar el 24 de agosto, según recogió el programa anunciado en el diario “El Liberal” de Sevilla días antes: 
En página 6 del n.º 8.660 del diario “El Liberal” de Sevilla;
jueves 7 de agosto de 1924.
 
Al joven cantaor, que contaba catorce años y aún usaba el pantalón corto propio de su edad, tras su soberbia interpretación le fue concedido por unanimidad del jurado el primer premio dotado de cien pesetas, como él mismo recordaba en el Capítulo V de sus memorias:
 
Después del concurso de Granada, al que mi padre no me pudo llevar por falta de medios, gané mi primer trofeo en un concurso de cante que hubo en la Feria de Alcalá, en agosto de 1924, y que se hizo al calor del de Granada. Recuerdo que al concurso se presentaron muchos aficionados y hubo que hacer una selección antes. Entre los seleccionados estaban, conmigo, Luis Medina ‘el Curilla’, ‘el Sordillo’ de Triana, Eloy Curraga y Agustín Castejón. En el jurado figuraban don Antonio Álvarez de Alba (...), y también don Manuel Medrano, Joaquín el de la Paula y un aficionado de Sevilla llamado Calero.
El concurso se celebró en la Plaza del Duque, donde ahora está la fuente central, que entonces no existía, y empezó a medianoche. Se habían establecido varios premios en metálico, y yo me llevé el primero: veinte duros de entonces. Me lo entregó Joaquín el de la Paula, el gran maestro de Alcalá. Yo canté por seguiriya y por soleá, y tuve  bastante público en contra, porque mucha gente estaba por otro cante, debido al auge que había tomado la ópera flamenca. Pero Joaquín me otorgó el primer premio por derecho propio.
En el ánimo del jurado influyó que mi forma de cantar se parecía mucho a la de Joaquín y a la de Manuel Torre, ya que era muy grande mi veneración por estos genios. Yo incluso imitaba la vocalización y las maneras de Manuel. Pero, como digo, la gente estaba por otra cosa y le gustaba más los demás aficionados concursantes, en su mayoría fandangueros. Y por eso se armó un revuelo en el público al darme el premio.”.
 
Anuncio de las Fiestas en Alcalá de Guadaira de 1924, donde se celebró el Concurso de Cante.
(En página 5 del diario “El Liberal” de Sevilla; jueves 21 de agosto de 1924).
 
Fuera de concurso también cantaron el propio Joaquín el de La Paula, además de El Gloria, Paco Mazaco, Manuel Torre, El Colorao de La Macarena y Niño Ponce. De la referida jornada Mairena también recordó:
 
Es necesario resaltar que, por aquellos tiempos, Alcalá contaba con una serie de buenos aficionados, no gitanos, que fueron conocidos en toda la Baja Andalucía. (...) recuerdo a Mediano, a quien conocí cuando gané mi primer concurso en la feria de Alcalá, un hombre que solo al verlo se olía el buen cante. (...).”.[19]
Recinto ferial de Alcalá de Guadaira del año 1924.
(Archivo Municipal de Alcalá de Guadaira).
 
Algo después, el domingo el 31 de agosto de 1924, a punto de cumplir los quince años, cantará el Niño de Mairena en el beneficio de Casimiro González celebrado en el Teatro Lolita de su localidad natal. Es de advertir que con su actuación el joven cantaor cerraba el extenso programa de aquel evento, tras las películas cómicas, sinfonías de la Rondalla Filarmónica, una pieza teatral, canciones modernas y los bailes rusos de una troupe extranjera. Así se anunciaba:
 
...6.º Y último. Debut del joven cantador de flamenco Antonio Cruz (Hijo de Rafael el herrero de Mairena).
Dado el carácter del espectáculo y a ruegos del beneficiado, se ha ofrecido desinteresadamente a cantar lo mejor de su repertorio, acompañado por la guitarra que tocará Nicolás García.”.
 
El Niño de Mairena en el beneficio de Casimiro González
en el Teatro Lolita de Mairena del Alcor; 31 de agosto de 1924.
(Archivo Revista “Candil”; Jaén).
 
Al año siguiente Mairena acude nuevamente a otro concurso celebrado en Alcalá de Guadaira, según declaró en dos ocasiones: a inicios de los años setenta para un diario de Vitoria y a los periodistas José Delgado y Antonio Ramos Espejo en Granada a inicios de los años ochenta:
 
Manolo Caracol y yo actuamos en el concurso de cante de Alcalá de Guadaira, después del famoso Concurso de Granada de 1922, y Joaquín el de la Paula nos premió.”.[20]
Y al año siguiente, el 25, Manolo Caracol, que había ganado en Granada el concurso del año 22, intervino conmigo. Y tuvieron que poner dos primeros premios, cada uno de cien pesetas, uno para Manolo y otro para mí”.[21]
 
Es posible que en 1926 participara o cantara en un nuevo “concurso de cante «jondo» y murga” que se organizaría durante las fiestas de la Ascensión, según anunciaba el diario “El Noticiero Sevillano” a mediados del mes de mayo:
 
En página 2 del n.º 11.580 del diario “El Noticiero Sevillano. Edición de la mañana”;
Jueves 13 de mayo de 1926.
 
Y es que el joven Antonio Mairena también participó en alguna que otra comparsa según él mismo contará en sus memorias.
 
 
Actuaciones junto a cantaores paisanos
 
Por ese tiempo, en su pueblo, buenos aficionados, amigos del Niño de Mairena, se prodigaban con sus cantes, caso de Francisco Antúnez Morales ʻCurro de Las Albinasʼ (1861-1934) y su hijo, el cantaor y bailaor festero Luis Antúnez Carrión ʻCurrindínʼ (1901-1960), entre otros, participaron en la fiesta flamenca de una boda el primer día de 1927, sábado, en el pueblo, según contó “El Noticiero Sevillano”:
 
Informaciones de Los Pueblos.
‘Mairena del Alcor’.
El día primero de año, y en la parroquial de esta villa, se verificó el enlace matrimonial de la simpática señorita Lola Alba Méndez, con el distinguido joven don José Jiménez Gómez, nuestro buen amigo. (...). A continuación se organizó un gran baile que duró hasta bien entrada la madrugada (...).
También debo mencionar al gran “Curro de Las Albinas” que con sus setenta años nos cantó como en sus mejores tiempos.
Luis, su hijo, y el “Chelito”, acompañados a la guitarra por Carmona y Acosta, cantaron todo lo flamenco que ellos saben y que tanto satisfizo a la concurrencia. (...).- Corresponsal.”.[22]
 
Luis Currindín.
(Archivo Antonio Rincón Muñiz).
 
Luis Currindín participaría igualmente junto a nuestro protagonista y su hermano, un jovencísimo Francisco Cruz García (1914-1993) -posteriormente conocido por ʻCurro Mairenaʼ- en la fiesta de un nuevo bautizo celebrado en Mairena a inicios de 1928, según contó el referido diario:

Diario “El Liberal” de Sevilla; enero de 1928.
 
Currindín igualmente aparece cantando, junto al cantaor y bailaor Diego Cruz Serrano ʻDiego de La Gloriaʼ (1901-1971) en otra velada celebrada en el Salón del ‘Círculo de la Amistad’ de la localidad de Carmona, la última semana de mayo de 1928:
 
De los pueblos.-
‘Mairena del Alcor’.
Invitados amablemente por varios amigos a que concurriésemos al gran baile de sociedad que el popular «Círculo de la Amistad», de Carmona, daba a sus socios e invitados, en la noche del 17 del actual, con motivo de la festividad del día, nos trasladamos a dicha población. (...).
Terminado el baile dió un concierto el notable violinista don Francisco Molina, siendo muy aplaudido.
Gracita Viñau Cuesta, Manolita Nieves, Rosarito García, Resure Vega, Rosarito Garzón, Ana Castaño, Resurrección González y Carmela Maqueda, por Carmona; y por el Viso ¡casi nadie! Dolores Correa, Rosarito Vérgara y Conchita Rueda, fueron, en unión de las anteriormente descritas, muy aplaudidas bailando sevillanas. (...).
A continuación arrancaron calurosos aplausos cantando «fandanguillos», «bulerías» y «soleares» los buenos aficionados de Mairena Dionisio Sicardo y Luis Antúnez.
A petición de la concurrencia Diego Cruz, el formidable bolero de flamenco, bailó «bulerías», «bohemias» y «farrucas», que fueron coronadas con grandes ovaciones.
Ya amanecido volvimos a Mairena, gratamente impresionados y agradecidos (...).- Corresponsal.”.[23]
 
Antonio Mairena con Manuel Morao a la guitarra
y Diego de La Gloria. Año 1952.
 
 
1928. Los cantes de El Nitri y la muerte de su madre.
 
Recurrimos al Capítulo VII del libro “Las Confesiones” del cantaor para abordar esta importante etapa de su vida en que aprende unos antiguos estilos por siguiriyas a través de un gran aficionado con el que estaba emparentado llamado Diego Serrano más conocido por Diego el de Brenes:

En el año 1928 yo seguía trabajando en la herrería y me encontraba en una fase de formación artística que no trascendía del campo de los buenos aficionados, que por entonces eran contadísimos y permanecían en el olvido, nostálgicos del buen cante y con la esperanza perdida de escucharlo. Yo y mi grupo de amigos, todos poco más o menos de mi edad y algunos de ellos familiares míos, como Diego el de la Gloria, Juan Cabrera y su hermano Dieguito, con el fin de buscar algunos hallares para divertirnos un poco, pensamos formar una comparsa para las fiestas del Carnaval, que eran unas fiestas por todo lo alto (...).
La idea de organizar esta comparsa nos la sugirió la que traía a Mairena aquel gran gitano y mejor cantaor, Joaquín el de la Paula (...). Yo, particularmente, sentía gran admiración por ella y por Joaquín. Y así nos decidimos a hacer nuestra comparsa con un grupo de gitanos y otros amigos nuestros. Su director era Diego el de la Gloria, que tenía una habilidad innata para hacer versos. Tanto en las letras como en la musicalidad, el nivel de nuestro grupo era difícilmente superable por otros de Mairena. Nos estrenamos en nuestra villa el primer día de Carnaval y tuvimos un gran éxito. Un gran éxito en lo artístico, aunque no en lo económico, pues en mi pueblo siempre hemos sido muy aficionados a divertirnos, pero duros y tardíos a la hora de largar moneda. Era costumbre que, el segundo día de Carnaval, las comparsas de más categoría, que cantaban coplas de mejor calidad, marcharan a los pueblos próximos para sacar el mayor provecho posible a su arte (...).
 
Comparsa alcalareña de “Los Moros Notables” de Joaquín el de La Paula 
que aparece sentado a la derecha del guitarrista. Año 1921.
 
Pues bueno, aquel año nuestra comparsa se desplazó a Brenes, donde vivía el llamado Diego el de Brenes, aquel gitano de Mairena al que anteriormente me he referido. (...). Pues bien, aquel segundo día de Carnaval del año 1928 nos presentamos en Brenes, en la casa de Diego. Diego nos recibió con sorpresa y alegría y nos invitó con generosidad a toda la comparsa, que bebimos más allá del nivel corriente de vino que un hombre puede soportar.
Diego, que era un portento en el cante gitano, se entusiasmó con mis formas y mi son de cante, que le recordaba a su ídolo Manuel Torre. Ya de entrada, y ante el encuentro inesperado, no dejaba de besarme una y otra vez, lleno de contento, y me decía:
-A mí me crió tu abuela ‘la Morena’, que estaba en casa de mi madre María.
Luego me reveló algo de suma importancia para mí. Después de repetirme, muy emocionado, que el cante que más le había gustado en el mundo era el de Manuel Torre y confesarme que mi eco le sonaba a Manuel, fue y me dijo:
-Como tú tienes tan buenas condiciones y tan buenos metales, te voy a hacer un cante que no lo canta hoy nadie, ni inclusive el propio Manuel Torre. Yo se lo escuché a Tomás ‘el Nitri’, precisamente en mi casa de la calle del Arco, a donde lo llevaron ‘Tío Maero’ y Agustín ‘Talegas’. Yo era muy joven, pero me acuerdo bien de la música y de las maneras de cantar del ‘Nitri’.
Y entonces me cantó de forma maravillosa tres cantes del ‘Nitri’. Como me gustaron mucho, quise aprenderlos, y con ese motivo me hizo ir a Brenes unas cuantas veces más. Dichos cantes quedaron grabados en mi memoria y puede decirse que se han salvado del olvido gracias a mí, puesto que ya en aquel tiempo nadie recordaba los cantes del ‘Nitri’ y casi únicamente se conocía el nombre y alguna que otra anécdota de aquel enigmático cantaor. Y es curioso resaltar que ya en aquel primer contacto con el de Brenes yo tomé nota de sus revelaciones, presintiendo que habrían de tener un interés extraordinario en el futuro, como así ha sido. (...).”.
 
Diego el de Brenes.
 
Ese mismo año de 1928 Antonio marcha a la localidad de El Arahal, cercana a su pueblo, donde Javier Salguero Heredia, primo hermano de su madre, tenía una taberna en la que trabajó y en la que, de vez en cuando, alternaba el cante, aunque también ganaba poco. Allí le sorprendió la muerte de su madre, Aurora:
 
El año 1928 no se borra de mi mente. Pero si este año fue un año señalado para mí por la trascendental revelación de Diego el de Brenes, también lo fue por un hecho triste y doloroso que me dejó una herida incurable en las mismas entrañas: la muerte de mi madre, que fue el mayor de mis dolores. Mi madre murió repentinamente, de un ataque al corazón, estando yo en El Arahal, como dependiente en una taberna que allí tenía, en la calle que le decían Zapateros, un primo hermano de mi madre, llamado Javier Salguero, que era hijo de una hermana de mi abuela ‘la Morena’.
Este tío mío se había disgustado con el empleado que tenía, un muchacho de Jerez, y por eso yo fui a ayudarle en su negocio. Y estando allí ocurrió la muerte de mi madre. Siete meses después mi padre volvió a casarse, y entonces yo me fui a vivir a Carmona, llevando conmigo a mi abuela materna y a mis hermanas Rosario y María Josefa”.
 
El Niño de Mairena en Alcalá de Guadaira en 1928.
(Archivo Revista “Candil”; Jaén).
 
Finalizando aquélla década, es cuando el cantaor definitivamente se profesionaliza, según dejó escrito:

Fue por los años 29 cuando empezó mi carrera artística del flamenco profesional. (...).
Por aquellos años entré en un mundo complejísimo, lleno de tremendas dificultades, por tratarse de que el arte, cuando era el jondo, para el que yo estaba predispuesto, estaba envuelto en un oscurantismo sin límites y, por consecuencia, en un descrédito total, devaluado al máximo y arrinconado como mueble inservible.
Esto no sucedía por falta de grandes interpretes del cante, del baile y del toque de guitarra como acompañante, que los había de primerísima calidad y sabiendo su obligación perfectamente. (...).
Su aceptación por el mundo de aquel entonces era reducidísima, hasta el extremo de que con mis estupendas condiciones para el matiz del cante gitano-andaluz, apenas podía asomarme a los tablaos o escenarios de teatro, que era donde se podía conseguir algo en lo económico y, por consecuencia, tuve que refugiarme donde estaban arrinconados todos los grandes genios del cante gitano-andaluz, que fueron interpretes que llevaron este matiz del cante hasta sitios insospechados, pero totalmente negativo fue su poco interés por dignificarse, cotizar su arte y estimarse. (...).”.[24]
 
En 1929, por mediación de un amigo, Antonio hizo su presentación en el Salón Kursaal Internacional de Sevilla, acompañándole nada menos que Javier Molina que dirigía el elenco que allí había. Contra todo pronóstico triunfó aquella noche cantando por soleares y seguiriyas, lo cual le valió un contrato para actuar allí nuevamente y pese a que no eran aquéllos cantes del gusto del público de entonces. Así lo contó Rogelio Marín: 
Corría el año 1929, cuando se le presentó la oportunidad que esperaba y fue ello de manos de aquel mairenero José María Cardoso, para actuar en la Sala de Fiesta “El Kursaal” sito en la calle Sierpes. Dado que su estilo al parecer no era el más apropiado para tal clase de espectáculo se convino en que había de actuar una noche sin percibir nada –un duro peldaño más que tenía que salvar Antonio- y así quedó concertado. Allí trabajaban Custodia Romero y un cuadro flamenco compuesto por La Macarrona, La Malena, Las Pompis, Las Pirules (sic), siendo el guitarrista Javier Molina”.[25]
 
Iniciado el año 1930 y en el mes de febrero la prensa sevillana hace referencia a unos esponsales en Mairena del Alcor con fiesta flamenca incluida y donde es posible que participase nuestro cantaor:

Mairena del Alcor.
En el domicilio de la novia, y en presencia de nuestro digno pura párroco, licenciado don Rafael Fernández Reyes, tuvo lugar la toma de dichos de la bella y simpática señorita Ana Sánchez Ferreras, con el distinguido joven don José Jiménez y Jiménez, del comercio de esta plaza. (...).
Los invitados fueron obsequiados espléndidamente, improvisándose una agradable fiesta, que duró hasta la madrugada, donde hicieron gala de sus facultades los aficionados al «cante jondo». (...).- Corresponsal.”.[26]
 
La posterior boda tuvo lugar el domingo 16 de marzo en Mairena donde el referido periódico apunta:

También se cantó flamenco, bastante aceptablemente por Agustín Sánchez y Dionisio Sicardo”.
 
En ese verano de 1930, una Hermandad de Penitencia de Mairena del Alcor comprometió a Antonio para organizar un espectáculo de cante flamenco en el cine de verano San Fernando para el que contrató a Manuel Torre y como tocaor a Currito el de la Geroma. Así lo recordaba nuestro protagonista al hablar del enigmático cantaor:
 
Yo tuve la suerte de oírle en diversas ocasiones y siempre le escuché interpretando de una forma magistral, irresistible.
Uno de los mas sustanciales recuerdos que poseo en mi memoria, corresponde al año 30, cuando canté, junto a él, en un cine de verano de mi mismo pueblo natal, en un espectáculo benéfico para una Hermandad de Penitencia de la que era, y sigo siendo, hermano. Manuel Torre era la figura imprescindible para dicho espectáculo, y yo, por ser hijo del pueblo y componente de dicha Hermandad, debía actuar con él. Me tocó, además, la misión de contratarle por dos noches, ya que le conocía por su amistad con mi padre. (...).
Lo que le escuché la noche de mi actuación con él era la versión de un cantaor que, además de un supergenio, era enciclopédico. Las noches en que actuamos juntos ponía en cada cante, al público en pie. Le oí por medias granadinas, malagueñas, cartageneras, tarantos, tangos, además de por seguirillas, soleás y cantando también por saetas, como no ha cantado nadie. (...).
Si, ciento cincuenta pesetas cobró Manuel por dos noches inolvidables de cante, con una forma de sonidos negros que no volverán jamás, pero que yo recuerdo perfectamente y guardo en mi memoria como preciada reliquia (...).”.[27]
 
El evento, realizado el 25 de julio, festividad de Santiago y Santa Ana, lo abrió Antonio cantando por siguiriyas y soleares, y tras él cantó el jerezano extraordinariamente aquella noche, dando su actuación el colofón sublime de aquella velada:
 
El público tiraba las sillas y se rompía las camisas. Y yo no sé lo que a mí me pasaba: algo inenarrable. Yo no había escuchado en mi vida una cosa igual, ni hasta la fecha lo he vuelto a escuchar”.
 
Así lo resumió del diario “El Noticiero Sevillano” una semana después, que indica se cantaron también bulerías:

En página 5 del n.º 12.975 del diario “El Noticiero Sevillano. Edición de la mañana”;
Viernes 1 de agosto de 1930.
 
Al mes siguiente, y justamente un mes después, el lunes 25 de agosto de 1930, El Niño de Mairena participó en un nuevo concurso que tuvo lugar en Alcalá de Guadaira durante los días de feria y fiestas de La Virgen del Águila de aquella localidad. Así se anunciaba el concurso en el diario “El Liberal” dos días antes:
 
En página 4 del n.º 10.899 del diario “El Liberal” de Sevilla;
Sábado 23 de agosto de 1930.
 
Este episodio es absolutamente novedoso en la vida del cantaor y por su importancia transcribimos íntegra la crónica que del evento realizó el diario “El Noticiero Sevillano” dos días después, aunque por error se aluda al cantaor como Rafael Cruz:
 
Con un concurso de cante “jondo”, terminó el día 25 la gran Feria de Alcalá, que es como desde ahora vamos a quedar en denominarla. La animación fué en esta noche, si cabe, mucho mayor que en las anteriores.
Las casetas estuvieron materialmente imposible, de gente; no se podía dar un paso. (...). También se dedicó un sentido y necrológico recuerdo a nuestros bailes, dibujándose por unas bellas señoritas unas clásicas sevillanas.
A la hora anunciada para el concurso comenzaron a subir al tablado los participantes, que se elevaban a un crecido número. El jurado, compuesto por el tríptico faraónico de Joaquín el de la Paula, Manuel Mediano y José María González, dió la voz de abierta la sesión, y el alcalareño “speaker” “La Polonia”, tras de imponer con su bocina un silencio de mármol, dió la señal y comenzó el primero, que, como los demás, fueron acompañados de la guitarra de Manuel Muela.
El Niño de Mairena hacia 1930.
(Archivo Revista “Candil”; Jaén).
 
Y se escuchó un completo concurso de fandanguillos de los más variados estilos: bravío y seco, como los del Niño de Mairena; fácil y con mucha claridad, los de Agustín Castejón, y para él sólo, los de “El Betunero de Alcalá”.
El público, bárbaramente sincero, aplaudía lo que le gustaba, y rechazaba sin consideración lo que no valía.
Y llegada que fué la hora del cante grande –soleares y seguirillas-, hizo su aparición Rafael Cruz “Niño de Mairena”, que, con un gran dominio y estilo peculiar, dijo este cante como lo podía haber dicho Manuel Torre. “El Niño de Mairena” posee una gran voz, tiene un estilo enorme y una afición más grande. Este muchacho, sencillo y simpático, con el que conversamos unos momentos, debería dedicarse al cante, en donde habría de recoger muchos éxitos.
No faltó la nota del incomprendido: Nicolás, el espontáneo rabioso, que saltó dispuesto a conmover las masas, no lográndolo, para desgracia de las mismas, pues Nicolás, pese a los pocos chifladores, entiende y canta un rato largo.
El Jurado, equitativo e imparcial, repartió el premio de los fandanguillos entre el “Niño de Mairena” y Castejón. El premio de las soleares lo ganó, sin disputa, Rafael Cruz.
Y hasta el año que viene, que no tiene nada de particular que vengan a ver la Feria de Alcalá los barcos llenos de turistas.- A.”.[28]
 
Recinto ferial de Alcalá de Guadaira hacia el año 1930.
(Archivo Municipal de Alcalá de Guadaira).
 
Posteriormente, durante las sesiones del sábado 6 y domingo 7 de septiembre de 1930, cantó Antonio en el Café Nevería de Mairena del Alcor, situado en la confluencia de las calles San Sebastián y Santa Elvira. Según el cartel se presentó como gran atracción flamenca, cerrando aquel espectáculo. Compartió tablas junto a otro cantaor paisano suyo, el aficionado Joaquín Durán:

Debut del afamado cantador por fandanguillos, soleares y seguidillas gitanas, Antonio Cruz ‘Niño de Mairena’; Primer premio del concurso de cante “jondo” en Alcalá de Guadaira entre diez cantaores. Acompañados a la guitarra por el excelente tocaor Teodomiro García. –Precio único 50 céntimos- A las 9 y media. Si es Vd. aficionado al cante, visite el Café Nevería. Grandioso éxito del -Niño de Mairena-”.
 
El Niño de Mairena en el Café Nevería de Mairena del Alcor;
Inicios septiembre de 1930.
 
Ese año su padre había contraído segundas nupcias con Ángeles García Vanda, que no era gitana y de cuya unión nacería su hermano Manuel Mairena en 1934. Ello le contrarió sobremanera e hizo que se ausentara de su pueblo, refugiándose más si cabe en el cante que desarrolla en los ambientes de las fiestas de Sevilla y otras localidades.
 
En enero de 1931 Antonio es reclutado para hacer el servicio militar en Artillería, en las plazas africanas de Larache y Alcazarquivir. Como el 14 de abril se proclama la Segunda República, al joven le tocó jurar las dos banderas, la de la Monarquía y la de la República. 
El Niño de Mairena durante su servicio militar. 1931.
 
Tras licenciarse, en 1932, una de las primeras poblaciones donde recaló el artista fue en la ciudad de Ceuta. Poco después se vio forzado a dedicarse al cante para buscar su sustento en las fiestas que se daban en los colmaos de la Alameda de Hércules de Sevilla y por el Pasaje del Duque, teniendo que amoldarse, muy a su pesar, a los gustos del público y a hacer concesiones de tipo comercial en detrimento de su repertorio habitual. También es posible que volviera a participar en alguna comparsa por carnaval, según recoge “El Noticiero Sevillano” el viernes 19 de febrero:

Brenes.-
Con gran animación han transcurrido en esta localidad las fiestas del Carnaval.
El domingo, día 7, estuvo muy animado, como asimismo los días 8, 9 y 14.
En la mañana del domingo, el público se echó a la calle a presenciar las comparsas y murgas que este año han llamado la atención, y el desfile, por su bonito repertorio de coplas. 
El paseo se vió bastante concurrido, siendo imposible dar un paso. También nos visitó una comparsa de Mairena del Alcor, que fué muy bien recibida por las autoridades y el pueblo. (...).”.[29]
 
Durante esa Semana Santa escuchó con atención las saetas por seguiriyas de Rafael El Gloria y de Manuel Torre que cantaban a los pasos procesionales por la calle de las Sierpes.
Muy probablemente de ese verano de 1932 sea un Concurso de Cante organizado por el empresario cordobés Antonio Cabrera Díaz (1889-1961) a celebrar en un popular Cine situado en el n.º 4 de la calle Puente de la ciudad de Écija en el que el cantaor participó según cartel que transcribimos a continuación:
 
Popular Cinema.
Instalado en la Calzada.- Empresa A. Cabrera – Teléfono 203.
El local de las simpatías y de las caras bonitas.=
Hoy sábado a las Diez en punto.
Solo por esta noche.
El Mayor Acontecimiento de la Temporada.
Gran Concurso de Cante Flamenco entre aficionados y profesionales, que reñidamente se disputarán dos premios en concurso. Para tan magno acontecimiento y por tratarse de un espectáculo que refleja el alma y el sentir del pueblo, actuará interpretando escogidas composiciones musicales nuestra notable Banda Municipal que tan acertadamente dirige Don José Pérez Herrera.
 
El Niño de Mairena en 1944.
- Programa --
1.º Las 19 y 20 partes, del programa de arte Selección Gaumont Chamantre Azul, El Regreso de La Victoria a La Corte.
2.º Graciosas Películas Cómicas.
3.º Gran Concurso Certamen de Cante Jondo.
En el que entre otros cantadores tomarán parte:
1.º Juan Bautista Velasco, El Yegüerito.
2.º Niño de Barceló II.
3.º Antonio Armesto, El Ecijano.
4.º Francisco Garrido, Currito El Moreno.
5.º Niño de Barceló I.
6.º Antonio Cruz, Niño de Mairena.
7.º Antonio Carmona, Cojo Carmona.
8.º José García, «Niño de la Puerta Palma».
9.º José Benjumea «Niño Benjumea».
Todos los cantaores serán acompañados a la guitarra por el notable profesor Juan Navarrete Reverte.
Un competente Jurado compuesto por conocidos aficionados y personas de prestigio artístico, adjudicará los premios a los cantadores merecedores de ellos.
Todos los aficionados y profesionales que deseen tomar parte pueden inscribirse en la contaduría del Teatro Sanjuán o Popular Cinema hasta las 5 de la tarde.
Los premios en metálico son:             Primer Premio, Cincuenta Pesetas
                                                           Segundo Premio, Veinticinco Pesetas.
Precios populares: Silla, 1,00. Gradas, 0,30. Niños, 0,15.=
Ecijanos: No faltéis a este espectáculo cumbre que se les ofrece en el Popular Cinema.
Con vuestros aplausos estimularéis a unos cuantos cantadores para que no decaigan nuestros incomparables cantos. (...).”.
 
Durante la Semana de Pasión de 1933 cantó saetas por vez primera en Sevilla, concretamente en el casino llamado ‘Tertulia Sevillana’, sito en la calle Sierpes. Por recomendación del comerciante Rafael Tristán Antequera, su padrino artístico entonces, fue contratado por la directiva de dicho casino, formada por Rafael El Gallo, Bienvenida, Fuentes Bejarano y Juan Belmonte. El Jueves Santo, lo invitaron a la calle Feria a cantar a las imágenes titulares de la Cofradía de Monte Sión: Cristo orando en el Huerto y Nuestra Señora del Rosario. Al mismo tiempo que Antonio, en otros balcones, según Rogelio Marín, cantaban La Niña de los Peines, Pepe Pinto, Manuel Vallejo y Antonio Rengel. La mañana del Viernes Santo cantó al paso de la cofradía de los Gitanos gustando de tal modo que la procesión, por su demora, perdió estación en la Catedral. El propio cantaor recuerda cómo fue su estreno como saetero en la Semana Santa hispalense:

Yo vine a cantar saetas a Sevilla porque me traía mi padre. Me acuerdo que en la Campana estaba el control de las cofradías; pues bien, me metía en la calle de las Sierpes detrás de un paso hasta que salía a la plaza de San Francisco, y luego me volvía a la calle Tetuán y a la Campana detrás de otro paso, porque en la calle de las Sierpes cantaban los dos que más me han gustado por saetas: Manuel Torre y El Gloria; uno cantaba en el café Royal y otro en Las Delicias.
Yo debute en Sevilla en el año treinta y tres, en un balcón que hacía esquina con la calle Sierpes y la plaza de San Francisco, en el club «La tertulia de Sevilla», que era donde paraban Rafael «El Gallo», Juan Belmonte, los Bienvenidas..., tos los toreros.
Me contrataron para cubrir el sitio de El Gloria, y un mes antes tenía todo preparado, pues, ¡fíjate!, pasaban cincuenta y tantas cofradías, y yo ya tenía más de cien letras arregladas de saetas.
Después, cuando se acababa toda la batalla del balcón, me llevaban a someterme a la pelea con Vallejo, con El Gloria, La Pompi, que todos, como sabemos, eran unos figuras. En aquella Semana Santa tuve que aguantar todo el fogueo, ya que ellos salían a cantar antes y, cuando ya habían formao el escándalo, tenía que salir yo a cantar. Cuando terminé el Viernes Santo por la mañana, que salía la Cofradía de los Gitanos, me sacaron a hombros del balcón. A la Cofradía la multaron, porque no llegó a su hora a la Catedral, la cerraron, y los gitanos tuvieron que dar la vuelta. Imagínate el escándalo que se formó.”.[30]
 
Antonio Mairena cantando saetas al Cristo de los Gitanos en la Plaza de San Román,
acompañado entre otros de Gitanillo de Triana. Año 1958.
 
A propósito de esto nos ilustra nuevamente Carlos Almendros:
 
El éxito obtenido es tal que eclipsa a Centeno y al «Gloria», que también cantaron. La prensa se deshace en elogios por el «Nino de Mairena», llegando algunos diarios a decir, ponderando la valía de su arte: «Bailaron los Pasos y los Tronos». Y no falta la anécdota. La Autoridad tiene que multar a la Cofradía de los Gitanos porque no continuaba su marcha procesional después de oír las saetas de Mairena, porque querían, allí, plantados, seguir escuchándole. (...).”.[31] 
Al día siguiente, en el balcón del Café Laredo, les cantó a todas las cofradías que pasaron por allí y lo sacaron a hombros. Merced a su participación en dicha Semana Santa y a su gran éxito por saetas Antonio empieza a cotizarse. Tanto fue el revuelo que formó que a partir de aquel año empezó a ser conocido en Sevilla como Niño de Mairena. No obstante, poco después, volverá a trabajar de tabernero en su pueblo natal en un local que había abierto en la Plaza de Calvo Sotelo. Así lo indica Rogelio Marín: 
A su regreso en 1933 vuelve a abrir su bar, con idéntica concurrencia e igualmente acuden las figuras más sobresalientes del Cante”.[32]
 
Esta taberna tampoco tuvo beneficio alguno pues invitaba a cuantos flamencos allí recalaban e incluso cantaba para los clientes que lo requerían. El propio Antonio recordaba a varios artistas sevillanos que con él alternaron en dicho local, como fueron Joaquín Cagancho, Noriega, Las Pompis, Niño Caracol, El Cojo Pinea y El Sordillo. Su amigo Paco Vallecillo contaba sobre esa época:

Él decía que la taberna fue un negocio ruinoso porque bastaba que entrase uno que le supiese hacer un poco de son y que le tocara las palmas y entonces se abría la garrafa de vino, se distribuía, se cantaba, se bailaba... y naturalmente todo estaba pagado por la casa”.[33]
 
Este oficio lo compaginó con algunas fiestas en las que es contratado como la que expone el diario sevillano “El Liberal que tuvo lugar en Carmona el lunes 7 de julio:
 
En página 3 del n.º 12.228 del diario “El Liberal” de Sevilla;
Martes 13 de junio de 1933.
 
También consta su participación en funciones flamencas como la que recoge un cartel, que anuncia la celebrada posiblemente en Mairena del Alcor, el domingo 2 de julio de 1933, compartiendo escenario con el gran cantaor coriano Francisco González San Román ʻPaco Mazacoʼ (1898-1947) y el joven Ramón Jiménez Fernández ʻNiño de Lojaʼ (1918-1995):
 
Teatro de Verano.-
¡Formidable Acontecimiento! para el domingo 2 de julio.
A petición del público reaparecerá el gracioso parodista DʼArco.—
Niño de Loja. Notable cantador, creador de «La Bien Pagá».—
Niño de Mairena. Inconmensurable artista por todos los estilos.—
Paco Mazaco. Famoso artista de cante grande y creaciones de estilo propio.—
La mejor combinación de Ópera Flamenca de éxito garantizado”.
 
De la víspera de la muerte de Manuel Torre, 20 de julio de 1933, recoge Antonio el modo en que aquél le señaló como fiel continuador de su cante, recomendándole a Mata, gran aficionado:
 
Él fue como un profeta que le señaló a ciertos aficionados que en Mairena del Alcor había un gitanillo que le llamaban el «Niño de Mairena» y que sería una figura en este arte. En sus últimos días dijo: «yo ya no «pueo», ir a Mairena y buscar un gitanillo que tiene una «tasquita» y pueden ustedes escucharlo de cantar». Su profecía creo que se ha cumplido.”.[34]
 
El Niño de Mairena en 1933.
(Archivo revista “Candil”).
 
...una tarde llegó un amigo ignorante de la gravedad en que se encontraba Manuel, para llevárselo de fiesta. Este señor, que era de la ciudad de Carmona, al encontrarse ante tan triste situación, le hizo un obsequio en metálico. Yo, por aquel entonces –(...)-, tenía una pequeña taberna en la plaza de mi pueblo, con la que ayudaba a mi familia. Una tarde se me presentó, en compañía de su señora, este señor, llamado Manuel Mata, que, como antes he dicho, era de Carmona, en mi taberna y me preguntó si conocía un gitanillo al que decían en el pueblo «El niño de Rafael». Le conteste que, efectivamente, era con quien estaba hablando. Este señor me pidió que pusiera media docena de cañas de manzanilla y, cayéndosele dos lagrimas, me dijo esta frase: «...yo vengo en busca de usted, de parte de Manuel Torre, que está terminando su vida y me ha dicho estas palabras: Mata, yo ya no puedo, me muero, vete a Mairena y pregunta por un gitanillo que se llama “El niño Mairena” y dile que vas de mi parte que te gustará».
Cuando escuché las palabras de aquel señor también se me cayeron las lagrimas y, en aquel triste momento, bebimos bastantes cañas, hasta casi emborracharnos, y nos metimos en un pequeño reservado que tenía en mi tasca, cantando acompañados por la guitarra que él llevaba. Aquella misma noche moría Manuel Torre (...). Mata, el de Carmona, me escucho cantar por primera vez y ya siempre fue mi gran admirador, mi gran amigo (...).”.[35]
 
En la conferencia recital que el cantaor dio en Carmona en 1981, el propio Antonio apunta el nombre del guitarrista que acompañó en aquella fiesta: un zapatero de Carmona apodado El Piñonero.
 
El Niño de Mairena con unos amigos en 1933.
 
También participa en otra función anunciada como “Gran Espectáculo de Ópera Flamenca” celebrada en el Cine Cervantes, posiblemente del Viso del Alcor, encabezando un cartel donde intervienen además Julio Marín, Diego el de La Gloria, Niño Morón y Pepita Caballero, con la guitarra de Miguel de Marchena. Así se anunció el cantaor: 
Presentación en esta localidad del Niño de Mairena. Sucesor de Manuel Torres y ganador del premio en el Concurso de Saetas de este año en la Semana Santa de Sevilla”.
Función flamenco en el Cine Cervantes, en el verano de 1933,
 posiblemente de la localidad del Viso del Alcor.
 
En 1934 afianza su estatus de profesional compartiendo con otros cantaores consagrados la época de las fiestas flamencas en los colmaos de la Alameda de Hércules y La Europa, situado en la calle Siete Revueltas de Sevilla. Así lo contó Rogelio Marín:
 
El año 1934 se presentaba algo incierto y he aquí que un industrial de Sevilla, Don Rafael Tristán, acompañado de un gran conocedor del Cante, lo habían de introducir en lo que pudiéramos llamar Cátedra del mismo. En el Pasaje del Duque se celebraba un bautizo cuyo padrinazgo corría a cargo del Señor Tristán. No cabe duda que ello suponía como una convocatoria de Cantaores ya que por aquel entonces solían parar allí todos los artistas. Allí estuvieron el “Niño de Marchena”, Montoya, el Gloria, Tomás Pavón, Cepero y otros de menos entente; y llegó el momento crucial: como invitado del Padrino cantó en su honor y todas estas señeras figuras del cante quedaron altamente impresionados”.[36]
 
De esa época el propio Antonio Mairena, en el capítulo XII de sus Confesiones”, evoca aquél ambiente, a la vez que destaca los méritos flamencos de las localidades que en aquella época visitaba: 

...pude ir pasando el tiempo, haciendo una vida nocturna en la Sevilla de entonces, de colmao en colmao y de cabaret en cabaret, para tropezarme con algún que otro borracho que me salvara la noche. Muchas mañanas amanecía en el Pasaje de la Europa, en la Alameda de Hércules, cuando salían a buscarse la vida nada menos de Juana la ‘Macarrona’, Antonia ‘la Gamba’, las hermanas ‘Pompi’, Rita Ortega y ‘la Perla de Triana’. Juana ‘la Macarrona’ se arrimaba a mí y me decía llorando:
-Antoñito, ¡qué le debo yo a Dios para tener que salir a esta hora a buscar para la plaza!
Y yo me estremecía de emoción, me sentía rumboso, le daba cinco duros a cada una, las metía en un cuarto grande de la Europa y pedía seis botellas de vino de la casa y pescado frito... y ¡venga fiesta! ¡Y qué fiestas! (...). Aquello era ni más ni menos que una gran parte de la esencia que yo iba acumulando.
 
El Niño de Mairena en 1940.
(Archivo Juan Rondón).
 
En otras ocasiones yo amanecía en Triana, en la cava de los gitanos, donde por aquel tiempo todavía quedaban restos de lo que fue cuna y gran imperio del cante gitano-andaluz. (...). ¡Cuántos días y noches he pasado en esa maravillosa tierra y gran vivero del arte gitano que fue Jerez de la Frontera! (...). Aquellos contactos jerezanos me sirvieron a mí para guardar como oro en paño la maravillosa gama de cantes de un siglo antes. (...).
También en Utrera (...). Yo he pasado muchos días en ese bendito pueblo (...). ¡Cuántas fiestas he vivido con aquellos gitanos, extractos de finura de la Baja Andalucía, embriagándome de aquel ambiente, que yo jamás olvido y que lo saco a relucir cada vez que se tercia!
¡Cuántas veces escuché a ‘Joaniquí el de Lebrija, con admiración religiosa, hasta prendarme de su arte y de sus duendes! ...Y teniendo en cuenta que aquello representaba un sacrificio para mí, ya que tenía que vivir del arte y allí no ganaba más que el placer que proporciona la hermosura del buen cante.”.
 
El tocaor Eduardo de la Malena, quien le acompañó en muchas de aquellas fiestas, en conversación con Manuel Herrera Rodas, recordaba:
 
También m’ha gustao mucho Mairena, pero cuando cantaba en un cuarto. M’acuerdo cuando lo escuché la primera vez en la Europa, que tenía su pañolito de seda aquí, en el bolsillo de la chaqueta... Lo acompañaba a la guitarra Pepe el de la Flamenca, y cuando yo le escuché me dije: ¡Ojú, cómo canta el gitano éste!...”.[37]
 
En la última semana de febrero de 1935 y a través de don Rafael Tristán, quien ejercía por entonces las funciones de protector y representante del Niño de Mairena, éste cantará en la fiesta flamenca posterior al bautizo del niño Antonio Mates Rodríguez que apadrina el propio Tristán como ya hiciera con otro neófito el año anterior. Con él participaron igualmente el veterano Salvador García Cordón ʻSalvaorillo Hijoʼ (1872-1955), Miguel Morales ʻNiño de los Talleresʼ y el cantillanero Manuel Carrera Espinosa ʻSevillanitoʼ (1898-1976), oficiando de tocaor el sanluqueño Esteban Delgado Bernal (1912-1989). Así lo contó del diario “El Liberal” de Sevilla al día siguiente:
 
En página 7 del n.º 12.851 del diario “El Liberal” de Sevilla;
Domingo 24 de febrero de 1935.
 
Sobre la Semana Santa de ese año, el escritor y periodista sanluqueño Agustín López Macías ʻGalerínʼ (1881-1944), en el diario sevillano “El Liberal” del miércoles 10 de abril de 1935, comentó sobre la pléyade de enormes saeteros que había por entonces:
 
Cantaores de saetas hay muchos y buenos. El Niño de Villanueva, de extensa y clara voz. El Goro de Triana, El Niño de Mairena, El Cojo Luque, Fleta, que lo hace muy bien y cuando se sabe que es Fleta el que canta pierde su encanto, El Niño de los Talleres... ¡Qué se yo!...
Hoy los que cantan bien saetas –ellas y ellos- piden miles de pesetas por actuar durante la semana en el balcón de un Círculo, y de ahí que la saeta clásica, la de la leyenda, se haya perdido.
¡Qué mujer del pueblo ó qué mocito se pone á cantar después que lo hayan hecho Vallejo, el de la voz de tan bonito timbre; Caracolito, con sus quejíos de agonizante; El Gloria, que da el «do» de pecho seis veces seguidas, ó Manuel Centeno, que sostiene el calderón todo el tiempo que quiere y canta con más desahogo que el Domingo de Ramos el Viernes Santo por la tarde!...”.[38]
 
De la extensa crónica “La Semana Santa Sevillana” publicada en el referido periódico extraemos los siguientes párrafos alusivos al cante del mairenero junto a otros magníficos saeteros durante la jornada del Domingo de Ramos:
 
En páginas 1 y 5, del n.º 12.622 del diario “El Liberal” de Sevilla;
Martes 16 de abril de 1935.
 
Semana que culminará para el cantaor el Jueves Santo según refieren los siguientes párrafos que el citado diario expone:
 
La Semana Santa de 1935.- (...).
Malas caras las nuestras. Ellas se han vuelto á dar un toquecito y están más guapas que el Jueves. (...).
Los cantadores de saetas están ya sin voz apenas. ¡Ha sido mucha semana! La Finito y Rocío siguen en la plaza. En la Prensa La Niña de Marchena, mejor cada día. En el Aéreo, El Gloria y su hermana. En calle Tetuán, Pastora. En calle Sierpes, El Niño de Mairena. En otro balcón Centeno. ¡Ya habrán descansado! (...).”.[39] 
Curiosamente al día siguiente, Viernes Santo, pasará el joven Antonio a cantar a su pueblo, según expone “El Liberal” una semana después:
 
En página 7 del n.º 12.631 del diario “El Liberal” de Sevilla;
Sábado 27 de abril de 1935.
 
De vuelta a Sevilla tuvo el cantaor su presencia en la Feria de Abril, donde coincidiría en una de sus casetas con el pintor y gran aficionado al cante José Rico Cejudo (1864-1939): 
En portada del n.º 12.633 del diario “El Liberal” de Sevilla;
Domingo 28 de abril de 1935.
 
Recién estrenado el verano de ese año participará el cantaor en la fiesta del bautizo de la niña Eloísa Sanz de La Losa que tuvo lugar el viernes 28 de junio según contó la prensa al día siguiente:

Un bautizo.
Ayer en la parroquia del Corpus Christi recibió las aguas bautismales una niña, hija del secretario particular del gobernador civil, querido amigo nuestro, don Emilio Sanz Bernúy, y su distinguida y bella esposa, doña Lisa de la Losa.
Apadrinaron á la criatura don Gabriel Gallardo y la bellísima señorita Margarita Ruiz del Portal.
Se impuso á la niña el nombre de Eloísa.
Los invitados á la ceremonia religiosa, entre quienes figuraban los señores Asensi Maestre y sus hijos, trasladáronse al domicilió de los padres de la nueva cristiana en la barriada de Heliópolis, donde fueron obsequiadísimos con fiambres, pastas, vinos, licores y tabacos.
La grata fiesta culminó con un improvisado concurso de cante «jondo», en el que hicieron alarde de facultades y estilo, ahondando en la cantera gitana, el Niño de Mairena, Paco el Boína, y Pepe Pinto, acompañados por el maestro de la sonanta, Alfaro.
La reunión, de la que hicieron los honores muy cumplidamente los padres y padrinos, que llenaron repetidamente la cañera de á ciento, se prolongó hasta altas horas de la madrugada.”.[40]
 
Paco El Boina.
 
Los compañeros en dicha fiesta fueron Paco El Boína y José Torres Garzón ʻPepe Pintoʼ (1903-1969) con el guitarrista cordobés Alfonso Alfaro Márquez ʻEl Rosquillaʼ (1888-ca.1950). 
A finales de julio Antonio se anuncia en Huelva junto a un cantaor grande de aquella tierra que sin duda le daría pie a enriquecer y consolidar su repertorio de fandangos. Lo anunció la prensa de la capital onubense a través de “La Provincia” diez días antes:
 
En página 4 del n.º 15.660 del diario “La Provincia. Decano de la prensa de Huelva”;
Miércoles 17 de julio de 1935.
 
No obstante y lamentablemente, por algún motivo, nuestro cantaor no compareció, siendo sustituido por Manuel Carrera, según consignó el corresponsal de “El Liberal”, el palmerino José Antonio Jiménez Macías ʻPepe de la Rábidaʼ (1879-1944):
 
Verbena á beneficio del Montepío de periodistas.= (...).
En el Cinema Park se celebró la verbena á beneficio del Montepío de periodistas, con sujeción al programa conocido.
No sufrió más variación este que la sustitución del Niño de Mairena por el Sevillanito. (...).”.[41]
 
Durante estos años de la Segunda República y concretamente en septiembre de 1935 Antonio conoce a la gran bailaora barcelonesa Carmen Amaya Amaya (1918-1963) lo que da pie a que viaje a la Ciudad Condal, según narró el propio cantaor en el Capítulo XV de sus memorias:

Carmen Amaya (...) formó un verdadero alboroto en los medios artísticos y, en general, entre todo el mundo del espectáculo y del flamenco. Al terminar Carmen sus actuaciones en Sevilla, dio una fiesta, para algunos amigos y artistas, en la Venta de Antequera, y me invitó a ella, porque tenía interés en conocerme y escucharme. En aquella fiesta de la Venta de Antequera yo le gusté mucho cantando, y vio en mí al cantaor que precisaba para su baile. Carmen era de condición muy gitana y se puede decir que coincidíamos en todo. 
Le agradé a tal extremo que me dijo que me llamaría a Barcelona para que hiciera el cante de la película que entonces estaba rodando: ‘María de la O’. Mi cante aparecería como dicho por el actor Julio Peña. Efectivamente. Pocos días después me llamaron de Barcelona y me contrataron. Me fui a Barcelona en compañía del viejo cantaor Salvaoriyo de Jerez, mandón en el célebre Pasaje del Duque y que en aquel tiempo no se separaba de mí. (...). 
Durante la grabación que se hizo para la película todo salió a pedir de boca. Luego, yo me gasté con Carmen todo lo que gané por mi intervención en la película. (...).”.
 
Así fue cómo a finales de ese mismo año se recogió la voz del cantaor para la citada película, basada en la célebre obra del poeta y comediógrafo hispano-argentino Salvador Valverde López-Bally (1895-1975) y la canción del sevillano Rafael de León Arias de Saavedra (1908-1982), con música del sevillano Manuel López-Quiroga Miquel ʻMaestro Quirogaʼ (1899-1988), dirigida por Francisco Elías y estrenada en junio de 1936. En ella intervienen Pastora Imperio, Carmen Amaya y su padre el tocaor barcelonés El Chino, la cantaora Petra García Espinosa ʻNiña de Linaresʼ (1908-1989), y una zambra del Sacromonte de Granada.
 
Carmen Amaya y Pastora Imperio en unas fotografías promocionales de la película.
(En n.º 93 de Revista “Cinegramas” de Madrid; domingo 21 de junio de 1936).
 
Esta es la valoración que de la película hacía la publicación especializada madrileña “Cinegramas” a inicios del verano siguiente:
 
Cante y baile.
Cante y baile. No podían faltar en la versión cinematográfica de ʻMaría de la Oʼ. Sirven perfectamente el tono y el ambiente de la cinta, y no son, como en otras películas, motivo único, al que están subordinados todos los demás elementos.
Aquí, en esta nueva producción española, ayudan al fondo, lo completan, como los ritos gitanos, como otras muestras de folklore que en la cinta aparecen y que dan una espléndida jeraiquía de arte popular a ʻMaría de la Oʼ.
El cante flamenco de la cinta está a cargo de la ʻNiña de Linaresʼ y del ʻNiño de Mairenaʼ. Los bailes son interpretados por la agrupación gitana Zambra del Sacromonte, de Granada. En esto, como en todo, se ha ido buscando lo auténtico, lo entrañablemente popular, sin pastiche, sin falseamiento.”.[42]
 
Volviendo al final de ese año de 1935 Mairena, acompañado de la guitarra del cordobés José Cortés Cortés ʻPepe de la Flamencaʼ (1889-1956), realizará un recital emitido por la emisora Radio España de Madrid, el domingo 29 de diciembre, según anunció el diario “ABC” el mismo día:

Telefonía sin hilos.- (.../...).
Interesantísima la sección de Radio de “Blanco y Negro”.
‘Madrid (Radio España)’ (410,4 m., 2,5 kw., 731 kc.
10.- Emisión dominical religiosa (.../...).
9.- Cante flamenco, por el notable cantador Niño de Mairena, acompañado a la guitarra por Pepe el de la Flamenca. (...).”.
 
Pepe el de la Flamenca
(Archivo Arturo Fernández).
 
En el verano de 1936, a dos días de declararse la cruenta Guerra Civil que sumirá al país en tres largos años de conflicto, Antonio volvió a cantar en su pueblo, en esta ocasión en el Teatro San Fernando. Fue poco después de conocer al gran tocaor Melchor Jiménez Torres (1907-1980), según él mismo narró en el Capítulo XV de su libro: 
...yo volví a Sevilla y seguí dando tumbos. Y fue entonces cuando conocí a Melchor de Marchena, que no salía de su pueblo por rarezas. Yo presentí en él un gran artista, y, por fin, lo pude sacar de su pueblo y me lo traje a Sevilla. El día 17 de julio de 1936 actuamos los dos en Mairena del Alcor, en una función benéfica de variedades. Pasamos la noche en Mairena, y al día siguiente, a la una de la tarde, regresamos a Sevilla. Melchor se quedó en la Posada de la Alfalfa, y yo me fui a una pensión de la calle Jáuregui, donde estuve alojándome durante varios años. Me eché a dormir la siesta, y a eso de la tres de la tarde me despertó una noticia terrible que corría de boca en boca: había estallado una rebelión militar, que iba a significar la Guerra Civil. (...).”.
 
Melchor de Marchena.
 
La referida velada benéfica fue organizada por amigos y compañeros del bueno de Luis Currindín quien, a los 35 años de edad y a causa de un accidente de tráfico, le fue amputada una pierna:
Actuación del Niño de Mairena en el Teatro San Fernando de Mairena del Alcor
el día antes de declararse la Guerra Civil en España.
(Archivo Revista “Candil”; Jaén).
 
Otro cartel del mismo día amplia la información sobre la nómina de participantes en el evento:
Teatro San Fernando.
Mairena del Alcor.=
El Jueves, 16 de Julio de 1936.
Gran Acontecimiento Artístico de Cante y Baile Flamenco.
A Beneficio del desgraciado Luis Antúnez.- Víctima de un accidente automobilístico, en el que tomarán parte desinteresadamente los siguientes artistas:
1.º Presentación del gran cantador por fandangos Belmonte (de Mairena).
2.º El gran cantador por fandangos Timoteo Morales.
3.º El excelente cantador por milongas El Casillerito (del Gandul).
4.º El gran cantador El Hornerito (de Mairena).
5.º El buen cantador por soleares y seguirillas Francisco Cruz.
6.º Presentación de los grandes estilistas por fandangos Hermanos Castejón (de Alcalá).
7.º Gran Cuadro Flamenco compuesto por Juan Cabrera “El Frasca”, Diego Cruz, y el célebre Belloto (Honra del Baile Flamenco).
8.º Presentación del cantador por todos los estilos Francisco Flores “Concuna”.
9.º y último. Presentación del célebre Antonio Cruz “Niño Mairena”.
Estos artisas serán acompañados a la guitarra por el tocador Melchor Jiménez.-
Entrada Única, Una Peseta – A las Diez en Punto.-”.
 
Meses más tarde, el 13 de octubre de ese mismo año, ocupada Sevilla por las tropas sublevadas, participó Antonio en una exótica fiesta a juzgar por el programa conservado. En aquella ocasión Mairena compartió cartel con sendos cuadros de bailes andaluces: La Agrupación Otero, que conservaba aún el nombre del que fuera su maestro José Otero Aranda (1860-1934) asesinado dos años antes, y la de Manuel Real Montosa ʻRealitoʼ (1885-1969), además de los bailaores Rafael Ortega Monge (1903-1973), Juana Vargas de Las Heras ʻLa Macarronaʼ (1870-1947) y otros gitanos de Jerez, además del cantaor Manuel Jiménez Martínez de Pinillos ʻManuel Vallejoʼ (1891-1960) y el tocaor cordobés Antonio Moreno Fernández (1872-1937) junto a otro sevillano que acompañó al cantaor al cierre de la función, según se indica: “Niño de Mairena (Cante Flamenco) acompañado a la guitarra por José Gutiérrez”.».
 
Fiesta en honor al Gran Visir de Majzen, Kaides y Moros Notables del Protectorado Español.
13 de octubre de 1936.
 
En el Capítulo XIX de sus “Confesiones” lo contó así nuestro protagonista:
 
Por aquellos días se veían en la ciudad tropas italianas. Se organizaban recepciones y fiestas a personalidades extranjeras, y yo tenía que ir a muchas de esas fiestas. Recuerdo una en honor del Gran Visir de Marruecos que venía como representante del Jalifa, y otra que le dieron al Conde Ciano en la Venta de Antequera. Para esta fiesta, los Ibarra y Pepe Suárez me encargaron que llevara un ballet flamenco. Era entre Semana Santa y Feria. Yo llevé, entre otras bailaoras, a ‘la Macarrona’, ‘la Malena’, ‘la Sordilla’, ‘la Gamba’, ‘las Pompi’ y Rita Ortega. Casi todas eran ya bastante viejas. (...).”.
 
De los capítulos XVI y XVII del referido libro recogemos las siguientes reflexiones del cantaor en el transcurso de la guerra y de cómo conoció al gran cantaor granadino Francisco Gálvez Gómez (1884-1944) en tan terribles circunstancias:
 
Cuando Sevilla cayó en manos de los ‘nacionales’, Melchor y yo, con muchas dificultades, nos refugiamos en Mairena, y allí estuvimos algún tiempo, hasta que Melchor tuvo que marcharse a Marchena y yo volví a Sevilla para ganarme la vida y ayudar a los míos. No tenía otro remedio. Las circunstancias de la guerra me envolvieron en un mar de confusiones, todas ellas completamente desfavorables para mi carrera artística. (...).
A medida que pasaban los días aumentaba la tragedia, y mi desenvolvimiento se iba haciendo más penoso. Unas tras otras, iban llamando a las quintas a incorporarse. En mi caso habíamos tres en edad militar: mi hermano Curro, mi hermano Juan y yo. Curro y Juan marcharon al frente, pero cuando fue llamada mi quinta mi padre me reclamó (...), que, de cierta manera, podía sacar adelante a las ocho personas que formaban mi familia. (...).
 
Frasquito Yerbabuena.
(Archivo Antonio Conde González-Carrascosa).
 
De toda esta tragedia me quedó, sin embargo, la enorme satisfacción de poder decir que hice muchos favores y que no causé ningún mal a nadie (...). Sin embargo, no todo fue maldad a mi alrededor. Algunas buenas personas me ayudaron (...). El que consiguió trasladar a mi hermano Juan del frente de Granada fue Frasquito ‘Yerbabuena’ (...) era un gran amigo mío y un hombre de bien. Mi amistad con él surgió desde el mismo día en que lo conocí. Quiero contar esto. Yo vi por primera vez a Frasquito ‘Yerbabuena’ en la Alameda de Hércules, concretamente en la ‘Sacristía’, donde yo me presenté una mañana y me encontré con una fiesta que había empezado la noche antes, como era lo habitual. Allí estaba, con otras personas, Frasquito ‘Yerbabuena’, que solía ir mucho a Sevilla con motivo de sus negocios. Era el representante de una Casa de vinos, y cuando llegaba a Sevilla siempre se metía en fiesta (...). Desde aquel mismo día Frasquito ‘Yerbabuena’ y yo hicimos una buena amistad. Yo le conté mis problemas de entonces y mi preocupación por mis hermanos, y él se ofreció a ayudarme para conseguir que a mi hermano Juan lo quitaran del frente de Granada. Me dijo que me fuera a Granada, y allí él, valiéndose de sus amistades y de lo bien relacionado que estaba en aquella ciudad, pudo cumplir su promesa y hacer que mi hermano fuera trasladado”.
 
Durante este tiempo Mairena asimiló el cante por cartageneras que escuchara a La Macilenta, al albur de las fiestas en casa de dicha mujer auspiciaba un señorito de El Coronil y en las que intervenía como tocaor Manolo de Huelva. También da cuenta de algunas fiestas en las que alternó, entre otros, con Antonio Rengel, El Posaero y el guitarrista Gutiérrez, y en otras ocasiones con Diego el de Brenes y el gitano chiclanero El Pirri.
Del capítulo XIX son los siguientes apuntes tras la finalización de la contienda y primeros compases de la postguerra que transcurren desde que en 1939 abandona la pensión de la calle Jáuregui de Sevilla para trasladarse a Carmona llevándose consigo a su abuela materna y sus hermanas Josefa y Rosario. Desde dicha localidad realizará constantes salidas tanto a Sevilla como a Madrid donde pasa largas temporadas. En ese ínterin también trae a colación, en el capítulo XXI, su relación de amistad con el gran cantaor sevillano Tomás Pavón Cruz (1893-1952):

Entre los años 37 al 40, yo andaba mucho por Sevilla. (...). Yo vi por mis propios ojos la amarga vida de uno de los mejores cantaores de este siglo, Tomás Pavón, que fue víctima de su pureza gitana. (...). Tomás me puso el pie en el estribo para meterme en los caminos oscuros de los viejos cantes de Triana. (...).
De las muchas veces que lo escuché cantar en fiestas, hubo una que no se me olvidará nunca. Fue una noche en La Vinícola, en la Plaza del Duque, entre Semana Santa y Feria. La reunión era de lo más apropiado, pues se puede decir que allí estaba toda la crema de los buenos aficionados que había entonces en Sevilla. Allí estaban las hermanas ‘Pompi’, Pepe Torre, María Moreno, ‘Caracol’ (padre), Rafael Ortega, Enrique ‘el Almendro’, Manolo de Huelva, el Niño Ricardo, Juan ‘Talegas’ y yo, que había sido invitado también. ¡Ah!, y también estaba Pepe Suárez (...).
 
Tomás Pavón.
 
Para empezar la fiesta, el aficionado más autorizado de los que allí había, Gabriel Gallardo, de Puebla de Cazalla, dijo:
-Señores artistas, ¿a quién le corresponde romper cantando?
Nos miramos unos a otros, y yo salté:
-Yo soy el primero en cantar.
Salí cantado por bulerías, y la fiesta se fue animando. Unos cantaban con más calidad que otros, pero todos de bien para arriba. El último fue Tomás Pavón, que estaba sentado a mi vera (...). Y fue y le dijo al de Huelva: -Toca por soleá. Cuando Tomás se templó, yo sentí un escalofrío. Estuvo cantando media hora por soleá (...). Todos nos mirábamos atónitos, sin saber qué nos pasaba. Y entonces se le ocurre a Gabriel decirme:
-Mairena, ¿quiere usted cantar un poco por seguiriyas?
Y mi contestación fue rotunda:
-Nadie puede cantar.
Y Tomás (...) luego se dirigió a mí y me dijo: -Primo Antonio, perdóname que yo lo cante todo junto, que después no podré cantar. (...). Y lo que luego ocurrió no se puede describir. Ni volverá a repetirse nunca. Yo no había escuchado cantar en mi vida como cantó Tomás aquella noche: cerca de una hora cantando por seguiriyas de distintos matices, que nos sacudieron a todos de forma irresistible. Algo sobrenatural. Naturalmente, cuando Tomás terminó, ya no se volvió a cantar más. (...). Mi vinculación y mi admiración a la Casa de los Pavones ha sido muy grande”.
 
Por esos años el cantaor escudriñó el ambiente flamenco del Campo de Gibraltar que él mismo remite al tiempo de sus primeros contactos con el ya aludido investigador y flamencólogo Francisco Vallecillo Pecino (1928-1990); también de alude a nuevas actuaciones en Sevilla y Madrid:

...si la memoria no me engaña, fue por los años 39 al 41, al termino de nuestra guerra civil.
Por aquellos años yo me trasladaba en verano a la hermosa ciudad de Algeciras, a buscar mi vida en las fiestas, que eran los medios de ingresos por aquellos tiempos. Yo fui a Algeciras recomendado a un guitarrista que le llamaban el Titi de Marchena, un gitano que tocaba de maravilla y bailaba mejor y la gracia le rebosaba; era de la familia de Melchor de Marchena. Este hombre me sirvió para abrirme camino en el Campo de Gibraltar, donde él tenía muy buenos amigos; entre ellos conocía mucho y apreciaba a Paco Vallecillo (...).
 
El tocaor Manuel Fernández Fernández
conocido por ʻEl Titi de Marchenaʼ.
 
Aquel día fue el primero de mi llegada a Algeciras en ese verano; yo por aquel entonces era el Niño de Mairena (...), a las ocho de la tarde, me recogió el Titi y nos fuimos a la Plaza Alta, al mismo bar Florida (...), esperando que tu dieras una fiesta con motivo de mi llegada a Algeciras. Como recordaras, era aquella tarde 13 de junio, día de San Antonio (...).
Y de allí, como todos querían y tú también, nos fuimos a un bar, que era donde se hacían todas las fiestas de Algeciras, el Bar España, y allí estuvimos toda la noche. Acudió el Nino de la Calzada y Paco Laberinto, y aquella noche fue inolvidable, me creo que para tí también; por primera vez me escuchaste cantar y todos los gitanitos de Algeciras que se volvieron locos conmigo. (...).
Fue pasando el tiempo y, al año siguiente, también en verano, me llevaste a Ceuta a mí y al Titi de Marchena; estuvimos dos días (...).”.[43]
 
Con respecto a sus primeras grabaciones tales se efectuaron en la Ciudad Condal en 1941. En dicho viaje fue nuevamente acompañado por Salvaorillo, hijo del legendario cantaor cordobés Salvaorillo de Jerez:
 
El primer guitarrista con el que grabé fue Esteban de Sanlúcar (...). Era un guitarrista que estaba en el Pasaje del Duque, aquí, en Sevilla, y con él trabajaba mucho en las fiestas. El fue quien me puso en contacto con la casa grabadora, «La voz de su Amo». También vino a Barcelona Salvaorillo –el hijo del cantaor del mismo nombre que enseñó a Chacon-, que participó en la ganancia de la grabación, y quería llevarse la mitad. Mira, lo que yo cobre fue ná y menos, y casi todo lo que gane me lo gasté en Barcelona con Carmen Amaya y su familia.
 
El Niño de Mairena junto a Salvaorillo Hijo en Barcelona.
 
Grabé cuatro discos de pizarra. Mis cantes eran duros, fuertes, los que yo había escuchao cuando me criaba. Yo llevaba mi pensamiento hecho para grabar lo que yo dominaba: soleá, siguiriya, bulerías, que es lo que yo cantaba. Pero cuando se presentó el programa me dicen que de eso nada, que me quedara algunos días para ensayar con un pianista, que lo que tenía que grabar eran cuatro cuplés por bulerías y cuatro caras de fandangos... Me acuerdo que llevaba solamente una letra, porque intuía que algo de eso me iban a pedir, esa que empieza «Tiene Sevilla una fiesta». Y esa letra fue la que sirvió. (...).”.[44]
 
Los títulos de estas placas fueron:
-          (Odeón 203.905):
Cómo reluce Triana (Fiesta por Bulerías)” y “Vivir con una serrana (Fandangos)”.
-           (Odeón 203.918):
Que huele a flor de romero (Fandangos)” y “Se llamaba Carmen (Fiestas por Bulerías)”.
-           (Odeón 203.953):
Lola Montes (Bulerías)” y “Hábito de nazareno (Fandangos)”.
 
Uno de los tres primeros discos bifaciales que grabó El Niño de Mairena.
(Archivo Sergio García).
 
Del año 1942 pueden situarse estas palabras que expone el cantaor en el Capítulo XX de sus memorias:

Pero pasaba el tiempo y ninguna de aquellas compañías me contrataba, como no fuera para alguna que otra actuación aislada en algún teatro sevillano o en mi propio pueblo. Yo mismo decía de antemano que mi cante no era para ese público de los espectáculos, en los cuales solían anunciarme como el sucesor o heredero de Manuel Torre, cosa que no era comercial, pero que a mí me enorgullecía. Sin embargo, a mí no me pasaba como a los grandes de antaño, puesto que, en vez de sentir complejo de inferioridad, sentía altivez.”.
 
Venta de los primeros discos del Niño de Mairena.
En página 6 del n.º 1.113 del diario “El Sol de Antequera”;
Miércoles 4 de abril de 1945.
 
Iniciado el verano de 1943 El Niño de Mairena, junto a El Niño de Morón entre otros, participará en la fiesta de una boda entre un castellano y una gitana que tuvo lugar en la ciudad de Huelva. He aquí la crónica social que curiosamente cubrió la prensa de Granada a través del diario “Patria el mismo día del enlace, jueves 8 de julio:
 
Huelva.
Boda.
El día 8 del corriente y ante el altar mayor, profusamente adornado, de la parroquia de la Concepción, tuvo lugar el enlace matrimonial de la gentil señorita, Salud Carrillo Lérida, hija del industrial don José Garrido (sic) Franco y de doña Josefa Lérida Serrano, con el culto funcionario del Ayuntamiento de Santa María (Badajoz), don Francisco Montaño Saavedra.
Bendijo la sagrada unión el virtuoso cura párroco don J. Manuel Romero. La novia lucía rico traje blanco de glasé, tocada con rico velo de chantilly y preciosas joyas. Fueron padrinos don José Fernández Vargas y doña Agustina Carrillo Franco, tíos de la novia. Firmaron, por parte de la novia, como testigos, don Manuel Lérida, don Guillermo Carrillo y don José Tejada, y por el novio sus tíos don Antonio Saavedra y don Mateo Saavedra.
Los novios hicieron la entrada en el templo al son de una marcha nupcial.
Después del acto religioso, los contrayentes y los numerosos invitados pasaron a casa de los padres de la desposada, en donde fueron atendidos espléndidamente y, acto seguido se organizó una gran fiesta flamenca, en la que tomaron parte desinteresadamente varios artistas, entre ellos el gran cantaor flamenco Niño de Mairena y Niño de Morón, durante la agradable y típica fiesta hasta bien entrada la madrugada, de la que guardarán gratos recuerdos todos los invitados
Los novios, a los que deseamos eterna luna de miel, han salido para varias capitales de Andalucía.”.[45]
 
Nótese que existe una errata en el primer apellido del padre de la novia cuando dice “José Garrido Franco”, cuando debería decir lógicamente “José Carrillo Franco”, hermano de “Agustina Carrillo Franco” esposa de “José Fernández Vargas”; matrimonio que aparece referido como tíos de la novia, posiblemente oriundos de Alcalá de Guadaira y pertenecientes a las familias de Agustín Talega y Tío Maero respectivamente.
Con respecto al Niño de Morón que aparece cantando junto a Mairena, no sabemos si quizá pudiera tratarse del linense José García, unos diez años mayor que él o de Antonio Gallardo Gallego conocido también por ʻEl Niño Rosaʼ (1922-2021).
 
El Niño de Mairena en 1943.
(Archivo Revista “Candil”; Jaén).
 
En agosto de ese año participará en un espectáculo de “Arte Gitano” en el Salón Ideal de Sevilla que era un cine de verano instalado en la Alameda de Hércules. En dicha ocasión compartió escenario nuevamente con Diego el de La Gloria y El Sevillanito, estando de cantaores José Bermúdez Vega ʻPepe El Culataʼ (1911-1978), José Moreno Fernández ʻPepe Guillenaʼ y el precoz Ramón García Vélez ʻCarbonerillo de Jerezʼ, con el baile a cargo de Manuela Campo ʻLa Jerezanitaʼ y el toque a cargo de los sevillanos Manolo Moreno y José Gutiérrez:
 
Actuación en el Salón Ideal de Sevilla en el verano de 1943.
 
También durante el verano de ese mismo año formó parte de la compañía artística de la cantante y actriz sevillana Juana Reina Castrillo ʻJuanita Reinaʼ (1925-1999) que en su sección de flamenco, además del Niño de Mairena, contaba con la participación de los bailaores jerezanos Francisco Ruiz Gómez ʻPaco Laberintoʼ (1910-1974) y su cuñado Francisco Fernández Monge ʻCurro Terremotoʼ (1928-ca.1978), el malagueño Miguel Quesada Falcón ʻMiguel de los Reyesʼ (1929-1999) y las guitarras de Melchor de Marchena y Andrés Heredia. El propio Mairena se lo recordaba a Vallecillo de este modo: 
...Ya por el año 43 firmé un contrato con un espectáculo que hizo Juanita Reina y el grupo de flamenco lo componíamos Paco Laberinto, Curro Terremoto, Rafael Romero «El Gallina», que entonces era bailaor, Pepe Heredia, Melchor de Marchena y yo, debutando en el Teatro San Fernando de Sevilla (...) tú sabías que de Sevilla íbamos con la compañía a Madrid y allí, después del teatro, y esto lo recordaras perfectamente, nos fuimos al Charco de la Pava de Madrid con nuestro gran amigo Carbonell y, aquella noche, Paco, se consolido mucho mas nuestra amistad (...).”.[46]
 
Con el espectáculo “Solera de España” hicieron su presentación en el Teatro Eslava de Valencia el jueves 30 de septiembre de 1943, según recogió el diario local “Jornada” cuatro días antes:
 
En página 5 del n.º 616 de “Jornada. Diario de la tarde” de Valencia;
Lunes 27 de septiembre de 1943.
 
El referido suplemento deportivo del diario local “Jornada” recogió el éxito del espectáculo: 
Ayer por la noche hizo su presentación en el teatro Eslava. Se iniciaba así su temporada –el espectáculo de Antonio Quintero, Rafael de León y Quiroga, titulada «Solera de España». (...).
Digamos antes que nada que el espectáculo «Solera de España» supuso un triunfo completo. Y que las ovaciones se reiteraron durante toda la noche como prueba clarísima del agrado del público.
Antonio Quintero, Rafael de León y el maestro Quiroga han formado un grupo de colaboración artística tan certeramente orientado en el género, que dudamos pueda nadie, por ahora, llegar a intentar con la necesaria dignidad a arrebatarles una supremacía demasiado evidente. (...).
 
El bailaor jerezano Paco Laberinto.
 
Espléndido Mario Gabarrón. Sencillamente magnífico en todas sus intervenciones. Como recitador y como cantante. Casi podemos decir que se superó a sí mismo. Y el público se le entregó de lleno en cada una de sus actuaciones. Lo mismo que Carmelita Vázquez, cuyo arte depurado lució anoche con esplendidez. Actualmente es una de las artistas que más exactamente interpreta el baile andaluz. En su honor sonaron también anoche calurosamente los aplausos.
Muy bien Patrocinio Rico, Paco «Laberinto», Niño de Mairena, Melchor de Marchena, Terremoto y el resto de la compañía.
Sólo resta decir ya, que todos los detalles del espectáculo «Solera de España» han sido muy cuidados. Magnífico el vestuario, a cargo de Raula, así como los decorados de Ressti. Todo muy entonado y propio.
«Solera de España» recorrerá en triunfo los escenarios españoles. Estamos seguros de ello.- P.”.[47]
 
El viernes 5 de noviembre harán su presentación en el Teatro Villamarta de Jerez de la Frontera y el sábado 25 de diciembre, día de Navidad, en el Teatro Calderón de Valladolid, destacando el diario “El Norte de Castilla” del día siguiente lo que sigue:
 
Teatros y Cines.=
Calderón.- Presentación de Juanita Reina, con su espectáculo “Solera de España”. (...).
El éxito que obtuvo Juanita Reina fue unánime y rotundo, escuchando nutridas e insistentes ovaciones.
También los escuchó Maruja Heredia, esencia y ritmo del baile gitano, con una estilización que es elegancia y alegría.
Del resto del conjunto destacan Patrocinio Rico, actriz vallisoletana, que en todas sus intervenciones, en especial en «Doña Oliva», del sainete anteriormente citado, acusa «vis» cómica, así como un dominio de la caracterización; María Luisa de la Vega, por cuanto se refiere a elemento femenino, y de ellos. Mario Gabarrón, notable actor y tenor, que asimismo demuestra excelentes cualidades para el «cante», voz, estilo «del bueno», y para el que sonaron muchos y merecidos aplausos (...); a más del «Niño de Mairena» y «Melchor de Marchena». (...).”.[48]
 
Poco después forma parte de la agrupación de baile de Pilar López aunque por muy poco tiempo, para continuar viviendo de las fiestas, como así lo expone (Capítulo XXII):
 
Sevilla era el escenario en el que me seguía desenvolviendo, aunque mi casa la tuviera en Carmona. Seguía siendo una mala época para el cante bueno. (...). Yo para defenderme, tenía que echar mano del cuplé por bulería, hasta el punto de que muchos pensaron que ésta era la auténtica especialidad del ‘Niño de Mairena’. (...).”.
 
En el año 1944, a través de unos amigos hebreos de Paco Vallecillo realizará Antonio Mairena una serie de grabaciones no comerciales en un importante puerto marroquí para una modesta casa de discos de producción rápida. En dicha ocasión registró unas soleares y unos fandangos, de cuyo resultado el cantaor salió muy satisfecho:
 
También grabe un disco en Tánger cuando realice con Paco Vallecillo y su señora un viaje turístico. Ellos tenían en Tánger una amistad y en esa casa tuvimos una fiesta; a Paco se le puso que yo tenía que grabar un disco. Buscamos a un guitarrista, le llamaban Habichuela, y con él grabé una cara de fandangos y otra de soleá. Una de las caras esta dedicada a la familia de Tánger y otra para Paco y su mujer. (...).”.[49]
 
Algeciras, agosto 1944. Antonio Mairena con el matrimonio Vallecillo y
Roque Montoya, Jarrito, de paisano.
(Archivo Francisco Vallecillo).
 
El propio Paco Vallecillo apunta sobre esta sesión de la grabación de este disco:
 
A la grabación, que se hizo al medio día y completamente ʻen fríoʼ, esto es, sin ninguna ambientación previa, asistimos solamente Antonio, el guitarrista -un viejecito que se buscaba la vida tocando en los ambientes flamencos que por aquellas calendas existían en el popular Zoco Chico, y yo. Habichuela, que tal era el nombre artístico del tañedor de la bajañí, no estaba ungido por el Espíritu Santo en estos menesteres del acompañamiento (...). Los cantes de ambas caras son magníficos y (...) es exacta su afirmación de que los fandangos han sido irrepetidos. (...).
Los fandangos, en el puro y enriquecido estilo de Enrique el Almendro, son: «Yo no quiero ni acordarme / ni del santo de tu nombre, / que yo me siento feliz / y hasta parezco otro hombre / desde que no pienso en ti». Y «Clemencia le pío ar sielo / antes de llegar a quererte, / y si de mi te apoderas / prefiero quedarme ciego / que estar con vista a tu vera». Las soleares de Cádiz (Enrique), son las conocidas: «Aquel que la culpa tenga / que fatigas pase yo...» y «A pasar fatigas, / voy a pasar fatigas dobles...». (...).”.[50]
 
El Niño de Mairena en 1944
Fotografía promocional de cuando grabó su segunda tanda de grabaciones en pizarra.
 
En el capítulo XXIII relata su estancia en Madrid en un tablao situado en la calle Arturo Soria n.º 210 que Pastora Rojas Monje ʻPastora Imperioʼ (1889-1979) junto a su yerno, el torero Rafael Vega de Los Reyes, ʻGitanillo de Triana IIʼ (1915-1969), regentaron por aquel tiempo:
 
En el año 1945 (...). Después de la muerte de mi abuela (‘la Morena’), poco más o menos, Pastora ‘Imperio’ me llamó para actuar en una venta que había abierto en Madrid y que se llamaba ‘La Capitana’. (...).
En ‘La Capitana’ yo ganaba para ir tirando, alternando con los artistas flamencos de entonces: Juanito ‘Mojama’, el ‘Niño de la Calzada’, José Cepero, el ‘Niño Pérez’, los guitarristas Víctor Rojas (hermano de Pastora Imperio), Luis Maravilla (hijo de Luis ‘el de las Marianas’), Manolo y Pepe de Badajoz, Miguel de Marchena y Borrull, y también Rosalía de Triana, la bailaora Regla Ortega, el ‘Príncipe Gitano’, el ‘Niño de Loja’, el ‘Niño de Valdepeñas’, Bernardo ‘el de los Lobitos’, Luis ‘el de las Marianas’, Mariquita Ortega, Felipe de Triana, etc. Yo, que era uno de los cantaores preferidos por Pastora, pertenecía en aquel elenco a los artistas ‘maduros’. (...).
 
Juanito Mojama, Felipe de Triana y Antonio de la Calzá. Tres de los artistas que nombra Mairena y que actuaron con él en el colmao “La Capitana” de Madrid.
 
Yo llegué a ser en ‘La Capitana’ el gitano de confianza de Pastora Imperio, que era una mujer extraordinaria, sevillana de la Alfalfa. (...). Mi compenetración con ella no era sólo en la amistad, sino también en lo artístico. La primera vez que Pastora bailó el romance se lo canté yo, y ella luego me pidió muchas veces que se lo cantara.
Ella me dio a conocer muchas letras, por ejemplo, una de las comparsas de las ‘Viejas Ricas’, que yo luego he grabado con mis cantes festeros (...).”.
 
En Madrid, tras su paso por La Capitana, cantará en otras ventas y colmaos como el “Villa Rosa”, donde conocerá a muchos artistas flamencos, entre ellos a Pepe de La Matrona. También actúa en el cabaret “Samba” donde, en 1947, conoce al gran guitarrista Ramón Montoya Salazar (1879-1949):

...un día, estando de fiesta con un amigo suyo, éste nos metió en un cuarto a los dos, y Ramón me hizo cantar. Yo canté por soleá, seguiriya, tientos y cantiñas, y él me tocó a las mil maravillas. (...).”.
 
De la Semana Santa de 1948 don Antonio Rincón Muñiz evoca el siguiente duelo saetero con Antonio Sánchez Roldán ʻHorneritoʼ (1913-ca.1982):
 
La saeta por siguiriyas tuvo su esplendor o época dorada entre los años 30 al 50 y en ellos florecieron la flor y nata de los saeteros de Mairena por este estilo. De entre éstos hubo algunos que eran solicitados para que adornaran con sus saetas las cofradías sevillanas dejando una estela imborrable en la capital. Es el caso de Antonio Mairena y Hornerito que rivalizaron en muchas ocasiones con las consideradas por entonces primeras figuras de este cante: Vallejo, El Gloria, Centeno, Nina de los Peines, El Pinto, Nina de la Alfalfa, etc. (...).
Estos dos geniales saeteros, cada uno con su peculiar estilo, se «enfrentaron» en numerosas ocasiones en la Semana Santa de Sevilla y Mairena dejando bien claro la calidad, potencia y caudal saetero de ambos.
Voy a referir ahora la que quizá fuera la ocasión más reveladora de todas ellas y que tan hondamente calaría en el corazón de los maireneros.
Finales de los años 40. Viernes Santo. Mañana luminosa de abril con un sol que mayea y claveles descolgados hacia la calle desde los balcones abarrotados. Hay como un nerviosismo expectante en el ambiente cargado de efluvios de incienso, cera y azahar. Ya se oye –nítidamente- desde la calle Mesones el redoblar de los timbales y el aullido místico de los pífanos. La gente hace corros y mira ansiosa hacia la botellería de Claudio. Momentos antes han visto entrar en ella al Nino de Mairena al que acompañan sus inseparables; Curro de Rafael, Diego el de la Gloria, Antonio Trozos, Nene la Carliya...
 
Calle Mesones de Mairena del Alcor, en 1951.
(Blog. mayrena.com).
 
Hornerito también quiere entrar, pero alguien le corta el paso alegando la extrema saturación humana del local. Manuel del Motor le invita entonces a que suba con él a un balcón de la acera de enfrente, cuyo dueño se lo había ofrecido generosamente. Nuestro Padre Jesús Nazareno hace un alto en ese su amargo caminar hacia el Gólgota mairenero y parece estremecerse al oír la primera saeta que le arroja Antonio Mairena:

ʻPuente sobre puente
lleva un amargo camino
donde se agolpa la gente
por ver al Cordero Divino
que le dan amarga muerteʼ...
 
E1 silencio contenido en el gentío se quiebra, violentamente con un grito unánime de admiración hacia el cantaor y su saeta... Todavía flotan, apagados, los ecos del ultimo tercio, cuando la meliflua voz de Hornerito remonta con ayes de tanteo el clamor de los de abajo hasta pulverizarlo. Silencio. Hornerito, partiéndose en cada nota dice:
 
ʻAl ruido de los sayones
mucha gente se asomaba
por ventanas y balcones
al ver que el Señor gritaba
en medio de dos ladronesʼ.
 
La calle, como ocurriera antes, se llena de olés y palmas. Silencio otra vez... Antonio Mairena canta una nueva saeta y sin tregua le responde Hornerito. Un jovencísimo Antonio Trozos interviene en un respiro de los maestros. También lo hace Nene de la Carliya... Siguieron cantando saetas en noble pugna, y cada vez mejor, ante el regocijo de aquellos maireneros que abarrotaban la calle, contemplando asombrados aquel increíble duelo de saetas.
 
Hornerito.
(Archivo Antonio Rincón Muñiz).
 
Ni los más viejos recordaban algo parecido. Los mas jóvenes guardarían para siempre memoria imborrable de aquel momento. A Jesús diríase que no le pesaba la Cruz, pues no mostraba inquietud ni prisas por terminar su recorrido. Nunca, en ninguna parte, le habían impresionado tanto como ese día lo hicieran esos dos hombres que anudaban en sus saetas el corazón generoso de todos los maireneros de bien, para ponerlo a sus pies. Al fin reanudó su marcha buscando paz y sosiego en la ermita próxima...
Una Madre desconsolada con la amargura reflejada en su cara se detiene en el mismo sitio que ocupara antes su Hijo. Un aluvión de saetas llueve sobre Ella que, agradecida, parece querer abrazar a todos. Antonio Mairena y Hornerito renuevan sus bríos saeteros y ofrecen a esa Amargura sus oraciones y las de todo el pueblo hechas saetas de amor.

ʻTiene tu rostro la imagen
y figura de la pena.
Tu llanto es el de una Madre
que está regando la tierra
con lágrimas de amor y sangreʼ...
 
El Niño de Mairena en 1947.
 
De madrugada, el Santo Entierro que precede a María Santísima de la Soledad, se detiene en la Plaza de las Flores, frente al cercano templo que abre sus puertas invitándole a entrar. Surge de pronto una voz mayestática que anuncia estentóreamente los últimos estertores de yacente Cristo. Es la voz de Antonio Mairena que pone broche de oro a esta irrepetible Semana Santa, con la mejor saeta que se cantó nunca en Mairena:

ʻEn este día se cumple
la profecía del Profeta.
Al tiempo que fue a expirar
sonaron roncas trompetas
y el mundo se echó a temblarʼ.
 
Después el silencio. Nadie oso intentarlo siquiera... (...).”.[51]
 
También, el cantaor cartagenero Antonio Piñana Segado (1913-1989), recordaba de esta época:  
Como artista, recuerdo, como si fuera ayer, a Mairena en una reunión en el cuarto número 8 de Villa Rosa, en el Madrid del año 1948. Noche inolvidable en la que cantó sin descanso desde las dos de la madrugada hasta las diez de la mañana. Interpretó sólo siguiriyas y soleares, pero con una maestría y un conocimiento tan cabal de los diversos estilos que ejecutó como yo no había escuchado jamás a nadie. Me confieso: a partir de aquella noche me convertí en un incondicional mairenista, en lo que se refiere al cante gitano-andaluz. (...).”.[52]
Antonio Mairena en 1948.
(Archivo Revista “Candil”; Jaén).
 
Hacia el año 1949 se produce el reencuentro del cantaor con la gran bailaora Carmen Amaya: 
Carmen Amaya volvió a España bastante después de la guerra, y ya a finales de los años 40 se presentó en el Teatro Madrid, de la capital de España (...). Yo fui a saludar a Carmen y estuve con ella charlando en su camerino. (...).
Me dijo Carmen que si no me importaría trabajar con ella durante sesenta días que iba a actuar con su compañía en el Teatro Fuencarral. Yo acepté, y estuve con ella el tiempo acordado. El baile de Carmen era mucho baile para el público que acudía a aquel teatro (...). Sin embargo, el éxito era muy grande cada día, sobre todo con el número de la fragua, que se había montado escenificando con cante y baile un poema del ‘Romancero gitano’ de García Lorca: ‘El Romance de la luna, luna’.
En el escenario aparecía yo en una fragua (...). Seguía el romance hasta llegar a la parte de dice:
‘Huye, luna, luna, luna.
Si vinieran los gitanos,
harían con tu corazón
collares y anillos blancos’.
 
Y en ese momento, simbolizando a la luna, aparecía Carmen Amaya con la bata blanca de cola, y yo le cantaba por soleá, mientras ella bailaba.
 
‘Gitanita de mi alma,
Yo no le temo a los males.
Más le temo a los peligros
de una bata de lunares’.
 
Y así seguía con otras letras y otros cantes, al mismo tiempo que ella, bailando, giraba alrededor de mí, y muchas veces me decía:
-¡Qué lástima de cante y de baile! ¡Qué lástima de cante y de baile!...
Este número de la fragua era el número bomba. Mientras yo le cantaba, ella, girando sobre su pie izquierdo, iba enredando, enredando la cola larguísima de su bata, hasta dejarla enroscada alrededor de ella, y todo con el arte inigualable que tenía. Luego, hacía un movimiento brusco y mandaba la punta de la cola muy lejos de ella.
Finalmente, yo remataba el cante, al tiempo que ella iba aligerando el baile, haciendo desplantes y arrastrando la larga cola.
 
‘Yo te quería.
Ya no te quiero.
Tengo en mi casa
géneros nuevos’.
 
Y hacía un brioso y espectacular mutis que formaba un alboroto en el público. El teatro se venía abajo. Antes de que pasaran los sesenta días que teníamos que actuar en el Fuencarral, habíamos acordado que yo le acompañaría a París. Pensaba yo en el buen porvenir que podía tener con tan extraordinaria artista, cuando todo se esfumó como un ensueño, ya que ciertas circunstancias, convertidas en poderosas razones familiares, hicieron que Carmen se viera prácticamente obligada a llevar con ella al cantaor ‘Chiquito de Triana’, en vez de llevarme a mí, que me tuve que quedar en España.
El destino quiso que tampoco esta vez se unieran el baile de Carmen Amaya y el cante de Antonio Mairena. Y fue una lástima, porque Carmen era una genial bailaora que se entusiasmaba y bailaba fabulosamente cuando yo le cantaba”.
 
A inicios del año 1950 se puede escuchar su voz en un programa radiofónico de Málaga, según el siguiente anuncio del diario “Sur”:

En página 2 del n.º 4.600 de “Sur. Diario de F.E.T. y de las J.O.N.S.” de Málaga;
Domingo 8 de enero de 1950.
 
Fue en este año de 1950 cuando el cantaor realizó su segunda grabación para la casa Columbia gracias a la mediación del guitarrista Paco Aguilera (1903-1986), según explicó el propio cantaor:

Esta segunda grabación de mi vida también fue de cuatro discos de pizarra, en los que, al igual que en la primera, aparecían algunos números de fandangos, aunque también bulerías, alegrías, soleares de varios estilos y un cante por seguiriya de Joaquín ‘la Cherna’ (...).
Cuando terminamos de grabar, yo quise invitar a Paco para expresarle mi agradecimiento y, al mismo tiempo, para celebrar la grabación que habíamos realizado. Pero él me dijo que el que invitaba era él, y ni siquiera me dejó pagar. Se portó estupendamente conmigo”.
 
Disco del Niño de Mairena correspondiente
a su segunda serie de grabaciones en pizarra. Año 1950.
 
Entre otros, grabó los que siguen:
La tierra con ser la tierra (Soleares)” y “A la vela, a la vela (Bulerías)” (Columbia (A 5292).
Estos sentíos míos (Bulerías)” y “De pasar valles y lomas (Fandangos de Huelva)” (Columbia R 14921).
Le van a poner banderas (Alegrías)” y “Por tu causa yo me veo (Seguiriyas)” (Columbia R 18072)
El camino de Jerez (Bulerías)” y “Te soplaba la silla (Soleares)” (Columbia R 18106).
 
 
Nueva etapa del cantaor: Antonio Mairena
 
A partir del inicio de esta década el cantaor empezará a ser conocido y anunciado como “Antonio Mairena”. El año 1951 transcurre su trayectoria enrolado para cantar en compañías de baile. Primeramente en las de los hispanoamericanos Teresa Viera Romero (1929-2021) y Luis Pérez Dávila (1927-2007), conocidos artísticamente por Teresa y Luisillo. De la gira que realizó con los primeros apuntamos para su constancia la noticia de la presentación de dicha compañía en el Stoll Theater de Londres, la segunda semana de marzo, según recoge el periodista francés Guy Bueno (1913-2012) como corresponsal del diario “Solidaridad Nacional” de Barcelona:
 
Clamoroso triunfo de artistas españoles.- (...).
Referí, a su tiempo, el éxito que Teresa y Luisillo habían cosechado en su primera actuación en Londres. A este éxito se debe su actual regreso a Inglaterra, donde permanecerán, esta vez, tres largos meses. La Compañía que la simpática pareja de bailarines españoles ha traído a Londres, es,  casi por completo, nueva, lo que no ha cambiado es el enorme entusiasmo que caracteriza a Teresa y a Luisillo, que, sin duda, se debe atribuir, en primer lugar, a la emoción con que el público Ingles los acoge. (...).
 
Teresa y Luisillo.
(Del blog “El Arte de Vivir el Flamenco”).
 
En cuanto a la Compañía, bastara decir que no desmerece de las dos figuras principales. Es mérito de Teresa y Luisillo el saber rodearse de buenos artistas, y permitirles que “se luzcan”, como, por ejemplo, en ese cuadro de la jota aragonesa que el público acoge con incansable aplauso. Antonio de Jerez, Pepe Heredia, Gina Combi, Maruja Rey, Lina Fernández, Esmeralda Minuesa, Agustín Montesán, José Mota. Miguel Antonio y José Pardo la “cantaora” Rosario Caro, el “cantaor” Antonio Mairena y el guitarrista Ángel Iglesias, han sabido imponer sus nombres a la memoria de los espectadores ingleses. (...)”.[53]
 
En esta compañía, con la que recorrió el norte de África y casi toda Europa, tuvo gran éxito su cante por caracoles. Con dicho ballet español recorrió Bélgica, con estancia en Lieja; Alemania, en ciudades como Hannover o Franckfurt y luego Reino Unido.
Tras un par de años, a partir de la primavera de 1955, fue contratado en la compañía del sevillano Antonio Ruiz Soler, ʻAntonio el Bailarínʼ (1921-1996), en la que permanecerá diez años viajando por todo el mundo. Paralelamente su fama se dispara y en 1954 tiempo por el que grabó en Londres su primer disco de larga duración no comercial en vinilo. 
Como vimos en la entrada dedicada a El Posadero, en la primavera de ese año Antonio Mairena actúa con aquél y otras viejas y nuevas glorias del cante y del baile en el ciclo de Arte Popular celebradas en el Cine Arrayán, dentro de los Festivales de Primavera de Sevilla. Tales artistas fueron Paco Isidro, El Cojo de Huelva, El Coria, El Piripi, El Rubicano, El Salas, La Malena, Paco Laberinto, El Cuacua, Manuel Vallejo, La Paquera, Terremoto, Perrate, Fernanda y Bernarda de Utrera y El Chiquetete. En junio de ese año, en el Casino de la Exposición de Sevilla, lo hará con Pepe el Culata, Manolo Vargas, Paco Isidro, Esperanza Rodríguez y La Paquera.
Como queda dicho a partir de la primavera de 1955 se enrola en la compañía de Antonio el Bailarín, alternando con otros cantaores, como Pepe Fuentes, para las danzas flamencas. 
Antonio Mairena en Carmona en 1953.
 
En 1956 es agraciado con un premio en la Lotería Nacional lo que le permite comprar una casa en la calle Padre Pedro Ayala, n.º 12, de Sevilla, donde vivirá el resto de su vida.
En mayo de 1958 y junto a los cantaores Pepe Marchena, Pepe Pinto y Niño de La Huerta, participa en un programa radiofónico en la sesión de entrega de premios a los vencedores del concurso “Camino de Estrellas” en el Cine Florida de Sevilla. Del año 1959 hay que destacar que la Cátedra de Flamencología de Jerez de la Frontera le nombró presidente honorario. En abril de 1961, bajo la dirección artística de Pastora Imperio cantó en la Venta Real –Antigua de Antequera-, junto a Perrate de Utrera, Chano Lobato y José Salazar, con el baile a cargo de La Cañeta, Lola Vargas, Diego Fernández y Ricardo el Pelao, y las guitarras de Moraíto de Jerez, Juan Habichuela y curiosamente Juan Peña el Lebrijano. A inicios de junio de ese año interviene junto a Juan Talega en el Festival de Cante Jondo de Granada, donde también participaron Fosforito, Fernanda y Bernarda de Utrera, Jarrito, La Paquera, Terremoto y Porrinas de Badajoz. En mayo de 1961 participa en el “VI Festival de los Patios Cordobeses” en el homenaje nacional que se organizó a La Niña de los Peines con el concurso de gran cantidad de artistas. Todo este proceso culminará en mayo de 1962 con la obtención, en el III Concierto Nacional de Cante Flamenco de la ciudad de Córdoba, de la III Llave de Oro del Cante. 

Antonio Mairena en su época de cantaor del cuadro de Antonio el Bailarín. Año 1956.
 
Es a partir de entonces cuando Antonio Mairena vendría a clarificar el legado de cante que atesoraba y que durante los años descritos de aprendizaje y primeros pasos como profesional atemperó bajo sus formidables cualidades. Todos los estilos que interpretaba, pasados por su tamiz cantaor, ofrecían otras calidades, distintas y siempre magníficas, sacando el mejor partido de lo heredado, de lo que el cantaor consideraba un legado único y verdadero.
A través de su magisterio aprendido con gran esfuerzo legó a las generaciones venideras todo un tesoro de sonoridades flamencas al que incomprensiblemente no se le ha puesto la atención que se debiera, más aún en el tiempo presente en el que más al alcance se puede tener acceso a su obra. Su dignidad cantaora queda por encima de sus acérrimos copistas sin alma o detractores y de la fundada sospecha sobre sus recreaciones, que nunca se arrogó como propias, y otras que sin su concurso, sin temor a equívoco, se hubieran perdido.
 
 
Rafael Chaves Arcos


[1] Mairena, Antonio: “Las Confesiones de Antonio Mairena”; Ed. Publicaciones de la Universidad de Sevilla. Col. de Bolsillo, N.º 53. Sevilla, 1976; página 54.
 
[2]¡¡También ellos cantan!! Antonio Mairena recibirá la medalla de oro”; en página 25 del n.º 1.584 de “Norte Exprés. Diario de la tarde” de Vitoria; sábado 15 de abril de 1972.
 
[3] Díaz Párraga, María Adela: “Mujeres para el romance: Irene Cruz Serrano”; en n.º 23 de “Candil. Revista de flamenco” de Jaén; septiembre-octubre 1982; páginas 29 y 30.
 
[4] Mairena, Antonio: “La Fragua de Los Mairena”; contraportada del disco del mismo título (RCA, LSP 10.409); Madrid, 1970.
 
[5] Mairena, Antonio: “Ellos, los protagonistas, dicen”; en n.º 23 de “Candil. Revista de flamenco” de Jaén; septiembre-octubre 1982; páginas 87 y 88.
 
[6] Mairena, Antonio: artículo cit. en n.º 23 de “Candil” de Jaén; septiembre-octubre 1982; páginas 87 y 88.
 
[7] Mairena, Antonio: “Recuerdos psicológicos de Juan Talega”; en n.º 23 de “Candil. Revista de flamenco” de Jaén; septiembre-octubre 1982; páginas 76 y 77.
 
[8] Marín, Rogelio: “Del cero al infinito con Antonio Mairena”, revista “Sevilla Flamenca”, n.º 27. Sevilla, septiembre-octubre de 1983.
 
[9] Almazán, Francisco: “Antonio Mairena y sus recuerdos de Manuel Torre”; en página 31 del n.º 416 de la revista “Triunfo” de Madrid; sábado 23 de mayo de 1970.
 
[10] Mairena, Antonio: “Apuntes de mis vivencias. Año 1922 al 1981”; en n.º 23 de “Candil. Revista de flamenco” de Jaén; septiembre-octubre 1982; páginas 49 y 50.
 
[11] L. Cansino, Abelardo; “Los viajes de «El Noticiero».- Por esos pueblos de Dios...”; en página 2 del n.º 11.289 del diario “El Noticiero Sevillano. Edición de la mañana”; jueves 6 de julio de 1922.
 
[12] Mairena, Antonio: artículo cit. en n.º 23 de “Candil” de Jaén; septiembre-octubre 1982; página 88.
 
[13] Mairena, Antonio: artículo cit. en n.º 23 de “Candil” de Jaén; septiembre-octubre 1982; página 50.
 
[14] Mairena, Antonio: “La inédita historia flamenca de la ciudad de Carmona”; conferencia recital realizado en Carmona; sábado 28 de marzo de 1981.
 
[15] Almazán, Francisco artículo cit.; en página 30 del n.º 416 de la revista “Triunfo” de Madrid; sábado 23 de mayo de 1970.
 
[16] Mairena, Antonio: “Mis recuerdos de Manuel Torre”; en n.º 23 de “Candil. Revista de flamenco” de Jaén; septiembre-octubre 1982; página 72.
 
[17] Mairena, Antonio: “Apuntes para la historia y evolución del cante por soleá de Alcalá de Guadaira”; en n.º 23 de “Candil. Revista de flamenco” de Jaén; septiembre-octubre 1982; páginas 67 y 68.
 
[18] Mairena, Antonio: artículo cit. en n.º 23 de “Candil” de Jaén; septiembre-octubre 1982; página 88.
 
[19] Mairena, Antonio: artículo cit. en n.º 23 de “Candil” de Jaén; septiembre-octubre 1982; páginas 67 y 68.
 
[20] Artículo cit.; en página 25 del n.º 1.584 de “Norte Exprés” de Vitoria; sábado 15 de abril de 1972.
 
[21] Delgado José & Ramos Espejo, Antonio: “Antonio Mairena, en Granada. “Yo tenía la fuerza de un caballo”.-”; en página 14 del n.º 15.266 de “Ideal. Diario regional de Andalucía” de Granada; domingo 15 de noviembre de 1981.
 
[22] Informaciones de Los Pueblos”; en página 2 del n.º 11.845 del diario “El Noticiero Sevillano. Edición de la mañana”; jueves 6 de enero de 1927.
 
[23]De los pueblos”; en página 5 del n.º 12.286 de “El Noticiero Sevillano. Edición de la mañana”; viernes 25 de mayo de 1928.
 
[24] Mairena, Antonio: “Cincuenta años de luz y duendes”; en n.º 23 de “Candil. Revista de flamenco” de Jaén; septiembre-octubre 1982; páginas 53 y 54.
 
[25] Marín, Rogelio: “Del cero al infinito con Antonio Mairena”; en Revista “Sevilla Flamenca”, n.º 27. Sevilla; septiembre-octubre de 1983.
 
[26]Notas Regionales”; en página 7 del n.º 10.692 del diario “El Liberal” de Sevilla; jueves 6 de febrero de 1930.
 
[27] Mairena, Antonio: artículo cit. en n.º 23 de “Candil” de Jaén; septiembre-octubre 1982; páginas 72 y 73.
 
[28]Con un concurso de cante “jondo” terminó la feria de Alcalá”; en página 3 del n.º 12.997 del diario “El Noticiero Sevillano. Edición de la mañana”; miércoles 27 de agosto de 1930.
 
[29]Brenes”; en página 4 del n.º 13.453 de “El Noticiero Sevillano. Diario republicano”; viernes 19 de febrero de 1932.
 
[30] Mairena, Antonio: artículo cit. en n.º 23 de “Candil” de Jaén; septiembre-octubre 1982; página 87.
 
[31] Almendros, Carlos: artículo cit.; en n.º 23 de “Candil” de Jaén; septiembre-octubre 1982; página 18.
 
[32] Marín, Rogelio: “Del cero al infinito con Antonio Mairena”, Revista “Sevilla Flamenca”, n.º 27. Sevilla, septiembre-octubre de 1983.
 
[33] Vallecillo, Francisco: “Antonio Mairena: la pequeña historia”; Ed. Fundación Andaluza de Flamenco. Jerez de la Frontera (Cádiz), 1988, página 52.
 
[34] Artículo cit.; en página 14 de “Sur” de Málaga; domingo 14 de febrero de 1971.
 
[35] Mairena, Antonio: artículo cit. en n.º 23 de “Candil” de Jaén; septiembre-octubre 1982; páginas 73 y 74.
 
[36] Marín, Rogelio; artículo cit.; revista “Sevilla Flamenca”, Sevilla, septiembre-octubre de 1983.
 
[37] Herrera Rodas, Manuel: “A la sombra de la Alameda. Vida y obra de Eduardo de La Malena”, Bienal de Arte Flamenco. Sevilla, 1990, página 30.
 
[38] Galerín: “·“Personajes” de la semana que viene.- Saeteras y Saeteros”; en página 3 del n.º 12.616 del diario “El Liberal” de Sevilla; miércoles 10 de abril de 1935.
 
[39]Vida Local.= Edición de La Mañana. La Semana Santa de 1935”; en páginas 7 y 9 del n.º 12.625 del diario “El Liberal” de Sevilla; sábado 20 de abril de 1935.
 
[40]Un bautizo”; en página 4 del n.º 12.643 del diario “El Liberal” de Sevilla; sábado 29 de junio de 1935.
 
[41] Pepe de la Rábida: “·“El Liberal” en Huelva.- Notas del día”; en página 7 del n.º 12.672 del diario “El Liberal” de Sevilla; martes 30 de julio de 1935
 
[42] María de La O”; en página 13 del n.º 93 de la revista “Cinegramas” de Madrid; domingo 21 de junio de 1936.
 
[43] Mairena, Antonio: “El placer de la forja de una amistad”; en n.º 23 de “Candil. Revista de flamenco” de Jaén; septiembre-octubre 1982; páginas 59 y 60.
 
[44] Mairena, Antonio: artículo cit. en n.º 23 de “Candil” de Jaén; septiembre-octubre 1982; página 85.
 
[45]Carnet de Sociedad”; en página 6 del n.º 2.057 de “Patria. Diario de Falange Española Tradicionalista y de las J.O.N.S.” de Granada; jueves 8 de julio de 1943.
 
[46] Mairena, Antonio: artículo cit. en n.º 23 de “Candil” de Jaén; septiembre-octubre 1982; página 60.
 
[47]Presentación de Juanita Reina y su espectáculo “Solera de España”.”; en página 7 del n.º 620 del suplemento deportivo “Jornada. Diario de la tarde” de Valencia; viernes 1 de octubre de 1943.
 
[48] “Cerrillo: “Calderón.- Presentación de Juanita Reina, con su espectáculo “Solera de España”.-”; en página 2 del n.º 37.074 de “El Norte de Castilla. Diario de Valladolid”; domingo 26 de diciembre de 1943.
 
[49] Mairena, Antonio: artículo cit. en n.º 23 de “Candil” de Jaén; septiembre-octubre 1982; página 85.
 
[50] Vallecillo, Francisco: “Discografía incunable de Antonio Mairena”; en n.º 23 de “Candil. Revista de flamenco” de Jaén; septiembre-octubre 1982; páginas 112 y 113.
 
[51] Rincón Muñiz, Antonio: “Saetas y Saeteros de Mairena” en n.º 32 de “Candil. Revista de flamenco” de Jaén; marzo-abril 1984; páginas 30 y 31.
 
[52] Piñana, Antonio: “Antonio Mairena, cabal entre cabales”; en n.º 23 de “Candil. Revista de flamenco” de Jaén; septiembre-octubre 1982; página 37.
 
[53] Bueno, Guy: “Clamoroso triunfo de artistas españoles”; en página 8 del n.º 3.757 de “Solidaridad Nacional. Diario de Falange Española Tradicionalista y de las J.O.N.S.” de Barcelona; domingo 11 de marzo de 1951.